El cine que vemos en Huelva

Hace una semana, el pasado lunes, día 24, podíamos leer en una de las Cartas al Director, una sección que sigo con absoluta fidelidad, una misiva con el título "Otra semana que pasa sin poder ir al cine", firmada por Maribel González Canales (espero que no le importe que cite aquí su nombre). Se ve que es una exigente espectadora y con toda razón denunciaba la penuria que cinematográficamente vivimos en Huelva, con frases tan expresivas como "abrimos la cartelera de nuestra ciudad, nos encontramos con la decepción de siempre: Por poner un ejemplo, veamos esta semana: once películas infantiles, tres más malas que mediocres y otra que lleva en la cartelera más de un mes. Y así, o por el estilo, una semana tras otra".

Siete días después seguimos lo mismo. Si Maribel, como muchos lectores de este periódico, me hacen el favor, que les agradezco, de seguir esta sección crítica, saben muy bien cuantas veces me he referido a las carencias que en materia de cine padece desde antiguo esta ciudad. Es más, últimamente, se estrenan algunos títulos de cierta calidad en salas de la provincia que aquí no llegan y a veces, como me denunciaba una compañera de este periódico, duran tan poco que, después de desplazarse a la localidad donde la proyectan, se encuentra con la desagradable sorpresa de que ha dejado de exhibirse. Pero esto no es más que una de las muchas adversidades que sufre en esta provincia el buen aficionado al cine.

En muchas ocasiones me he referido a esto en estas críticas y comentarios que sobre cine suelo hacer en esta página. En una de ellas el título resultaba bastante significativo: "Una cartelera de pena" escribía, perdón por citarme a mí mismo: "Son muchos los buenos aficionados al cine que muchas veces nos manifiestan su contrariedad por la pobreza de la cartelera cinematográfica de Huelva. Y tienen razón. Pero no es más que una manifestación añadida de las deficiencias culturales de nuestra ciudad, que tienen en el cine una expresión palpable de las pocas exigencias que en materia cinematográfica, como en tantas otras presenta, una ciudadanía que, por otra parte, cada día pisa menos las salas. Luego se cierran los cines y muchos, en primer lugar los que jamás los frecuentan, se lamentan con grandes muestras de dolor, de pérdidas tan dolorosas como las más recientes del Cine Rábida, el cine Emperador y las ocho salas de La Dehesa. Si los onubenses van cada vez menos al cine ¿cómo va a mantenerse un negocio que depende fundamentalmente de ellos?"

Esto se publicaba aquí hace poco más de un año. Luego he insistido sobre el tema cada vez que hubo ocasión. Nada ha cambiado desde entonces. Y no es que lo expuesto sea sólo una razón válida y evidente, sino que ello no nos priva de exigirles a los empresarios una cartelera de más calidad, que, e veces las propias distribuidoras les niegan. Es más, vemos avances de películas que luego no llegan a estrenarse. Puede que las películas más notables no vengan porque son las menos rentables, pero ello no debe impedir que las vean los espectadores más exigentes. Reflexionemos, no obstante todos. De una u otra forma es como si al espectador onubense se le considerara de segunda fila o de mentalidad pueril. Aunque no debemos ofuscarnos: el público de Huelva es uno de los que menos van al cine. Los distribuidores y exhibidores cinematográficos no tienen en nuestra ciudad una saneada fuente de ingresos sino todo lo contrario. Y así nos va. Se admite la polémica.

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