"Por la calle, nadie me reconoce"

Hace siete años que no sabíamos apenas nada sobre ella. Hastiada por el éxito, Mónica Naranjo abandonó el mundo del espectáculo sin rumbo fijo pero con un claro objetivo: recuperar el timón de su propio destino. Una vez logrado ese propósito regresó a los estudios de grabación para reaparecer ahora con un álbum bajo el brazo, Tarántula, con el que, de nuevo, ha conseguido superar todas las previsiones y captar la atención del público. Emocionada y agradecida, la artista atiende gustosa a los medios de comunicación andaluces ya que, el origen sevillano de su madre, le une especialmente a esta tierra. Por si fuera poco, en los últimos tiempos, Mónica reconoce haber encontrado en el flamenco un nuevo motivo de inspiración y de regocijo para su alma. Son las confesiones sinceras y exclusivas de una artista poseedora de una magnética personalidad.

-Llama atención su forma de combinar indistintamente el seseo con la pronunciación castellana. ¿A qué se debe? ¿Se trata, como empleó Raphael al comienzo de su carrera, de una técnica para abrir fronteras?

-Cuando empiezas a formarte, los profesores te enseñan la "técnica del seseo". Las "eses", según las circunstancias, quedan más bonitas que las "zetas". Cantar es un mundo, pura interpretación. Conforme más actúes, mejor siempre. Por eso no reacciono igual en estudio. Las notas son un guión a seguir. Primero debo entenderlo, llegar al personaje y masticar las vocales. Después queda comprobar cómo revestir el tema de mayor calidez, optando por el seseo, o hacerlo más agresivo.

-¿Se definiría, por tanto, antes que cantante, como una "actriz de la canción"?

-Sí. Si no escenificas, no transmites. El arte es algo que se tiene que encauzar a través de los sentimientos. Por eso en las grabaciones necesitas ser más cerebral. Es la vía para llegar a la gente.

-¿Qué tal ha resultado su rentrée en el actual mercado musical? Muchos años sin pertenecer activamente a él, ¿no?

-Ha cambiado todo mucho. Cuando tuve la primera reunión con el equipo, me lo advirtieron, pero ha sido un reencuentro muy bonito. No sabía que existía tanto respeto por mi labor.

-Pero con prisas no ha ido porque culminar Tarántula le ha costado lo suyo…

-Cinco años he tardado. Los otros dos me los reservé para mí (risas). El tiempo es primordial para lo artístico. Si no quieres quedarte con dudas, es el mejor aliado. De hecho, no pienso hacer nunca más un disco cada seis meses, No lo encuentro ni lógico, ni práctico. Un artista necesita apartarse y volver a empezar. Descubrí que no sabía vivir sin trabajar y eso no puede ser. No puedes avanzar sin ver crecer a los tuyos.

-Una de las palabras que más suele repetir en sus letras es libertad. ¿Por qué? ¿De qué se siente presa?

-Yo me veo más libre que nunca. Eso habría que preguntárselo a José Manuel, que es quien hace las letras. Es un poeta, alguien muy inteligente, al igual que el resto de los de mi equipo. Por otro lado, la sociedad sí que me parece bastante cogida de pies y manos. Si antes de los treinta, no has conseguido un coche de alta gama, un novio o novia maravilloso y una casa estupenda, eres un perdedor... ¿Dónde vamos a llegar?

-¿Realiza esta afirmación predicando con el ejemplo?

-Yo vivo de una forma muy austera. La gente piensa que los artistas estamos montados en el dólar y, en la mayoría de los casos, no es así. Somos personas normales y corrientes.

-Analizando sus cualidades vocales, usted es algo diferente… ¿Tiene fronteras la voz de Mónica Naranjo?

-Claro, pero eso no te lo voy a contar (risas). Soy humana y consciente de mis limitaciones.

-¿Acepta alguna influencia del flamenco en su estilo?

-Bueno, es lo que más me mueve internamente. Me encanta aunque, si no lo mamas desde pequeño, no puedes desarrollarlo correctamente. A mí me fascina. De hecho, el otro día estuve viendo a José Mercé y me lo pasé entero llorando. Me deja sin palabras

-A estados de ánimo quería llegar. ¿Es consciente de que, tras la primera escucha de Tarántula, uno queda literalmente agotado?

-Compusimos cuarenta canciones que, al final, dejamos en once. Ante el repertorio, la pregunta era: "¿Hablamos de ficción o de lo que pasa en la calle?". Optamos por esto último. Algunas melodías oxigenan para el siguiente viaje pero el resultado es como "adrenalítico".

-¿De qué manera ha conseguido, a pesar de generar tantas pasiones alrededor, mantener el misterio de su propio mito?

-Mi relación con la prensa es de extremado respeto. He sabido dónde estar y dónde no. Entiendo que se produzca algún interrogante sobre mí, lo que pasa es que mi vida no es importante. Mi obra, sí. Soy celosa de mi intimidad.

-Circula una leyenda sobre Marilyn Monroe que afirma que, si ella lo deseaba, podía pasar desapercibida. ¿Con usted sucede igual?

-En mi día a día intento separarme del personaje público. Me pongo un vaquero, una camiseta blanca y voy con la cara lavada para vivir lo menos posible a Mónica Naranjo. Hay que separar las dos cosas pero te aseguro que, cuando voy andando por la calle, nadie me reconoce. Luego, al ponerme los tacones y el traje, la cosa cambia.

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