cRITICA DE MÚSICA

Los avatares interpretativos

La mención de una música que llega recién hecha es un incentivo valioso. Dentro de las programaciones tan variadas de un concierto específico tienen un espacio nuevo los referidos a acontecimientos. A veces se influye en este sentido para dotar a la orquesta de un efectivo muy poderoso, aun ocurriendo como hecho aislado. Se determina que desde un enfoque tradicional la música suene con todo el alcance con que ha sido compuesta. La mayoría de los melómanos se decanta por la disposición instrumental más aconsejable según los cauces que ellos mismos quieran fijar; probablemente, el cuidado de la sensibilidad sea lo que configure definitivamente el profundo valor que una obra clásica posee.

Bien es cierto que hay muchos autores que prefieren concebir a la música de una manera simple en lo que respecta a finalidades concretas. Una plantilla de cuerda no aspira más que a una estratificación de cuatro o seis líneas melódicas que después se irán diversificando. Las familias instrumentales son como un mapa donde distintos fenómenos se irán produciendo. El viento-madera difiere mucho del metal porque los fundamentos armónicos conjuntan las dos secciones sin que tengan que ser incompatibles. Lo que impresiona al público es la disciplina de cada instrumento, independientemente de la destreza en un movimiento suelto.

Las variaciones de aire y dinámica dependen de variados factores; el más importante atañe al concepto original, que impulsa a la sensibilidad definitiva de un repertorio. Hay composiciones que se articulan sobre un tempo vivo y que a la vez cuentan con cambios notables a lo largo de su interpretación. Por eso, no se puede establecer un baremo invariable sobre las disposiciones del tempo y la intensidad. Son infinitas las posibilidades que se derivan a partir de una simple indicación que haya a la cabeza de una partitura. Los reguladores cuentan mucho en un movimiento parsimonioso pues los extremos de forte y piano cambiarán incluso de unas interpretaciones que sólo distan veinticuatro horas. La verdadera satisfacción artística estriba en hechos sutiles, en cosas que no pueden ser demostradas a la luz de ninguna escuela o postura musicológica.

Y el margen a la interpretación se debe lograr con el lógico empeño de alguien que trabaja diariamente la música. Hacer sonar a un instrumento como se desea es una tarea de años o decenios. Hay testimonios de celebridades acerca de esa dificultad para que la música imaginada se convierta en música escuchada por un auditorio, que, además, reconozca como camino terminado que conquista los fines que se esperaban. No obstante, tengamos en cuenta que la música es un conglomerado de buenas intenciones que se hace posible solamente cuando nadie insiste. Dejar que un lenguaje claro ocupe un espacio sin cortapisa alguna define la trayectoria de unos músicos que se agrupan bajo un exclusivo propósito.

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