Un arte de memoria

  • Athenaica reedita el libro de recuerdos de Pepe el de la Matrona recogidos por José Luis Ortiz Nuevo

No fue el cantaor con la voz más bonita de su tiempo. Además, la imagen de él que perdura es la de un anciano. Un viejo con unas condiciones físicas envidiables… para su edad. El disco que más ha trascendido de los suyos es Tesoros del flamenco antiguo obra editada en 1969, es decir, cuando el cantaor contaba con 82 años. Luego lo vimos en Rito y geografía del cante en 1973. Estos dos documentos son la imagen habitual de Pepe el de la Matrona (Sevilla, 1887-Madrid, 1980). Sin embargo en 1975, cuando se publicó este libro por vez primera, supimos que había sido joven. Por la memoria prodigiosa de Matrona y la pluma de Ortiz Nuevo pasan los recuerdos del flamenco decimonónico en las figuras de Juan Breva y Antonio Chacón. A ambos conoció Matrona y de ambos aprendió. El cante y la ética. Matrona no fue un cantaor de cartel. Siempre prefirió el cuarto, la fiesta. Por su condición vital anárquica. Y, seguramente, también por sus condiciones vocales: en una época en la que gustaban las voces líricas y hasta melifluas Matrona derrochaba potencia. Pero vivió toda su vida del cante. Cuando llegaron los viejos que dio a conocer Mairena, en los años 60, le tocó el turno también a este seguidor de Chacón que era, porque lo había aprendido de su maestro, una enciclopedia del cante. A su voz poderosa y al prodigio de su memoria, debemos el cante por livianas y serranas actual, antes de que se desempolvaran las viejas placas de Rengel de Huelva; o la malagueña llamada "de Gayarrito", que su discípulo Morente grabo antes que él, para enfado de Matrona. Morente siempre lo admiró y respetó su figura y una de sus últimas grabaciones de estudio es precisamente la Serrana del Maestro Matrona que incluía su penúltimo disco.

De Antonio Chacón ofrece este libro una imagen nítida en la que podemos escuchar su cante y su voz y visualizar su elegancia a la hora de sentarse, decir que no a un contrato o gastar el dinero en una fiesta con sus amigos. La imagen que ofrece Matrona del flamenco de preguerra es a la vez brutal y sentimental. Porque Matrona fue un jornalero del cante, un flamenco de tropa. La lucha por la supervivencia, en tiempos difíciles, es también parte de esta obra. Incluyendo los viajes. También los flamencos de infantería hacían las Américas: la Cuba sensual de principios del siglo, de donde Matrona se trajo una rumba, el México de la revolución y el alucinante Nueva York de los locos años 20 también desfilan ante nuestra mirada atónita. Porque Matrona tiene una forma visual y narrativa de recordar. Porque Matrona era un cantaor y un contador de historias, como muchos flamencos. Historias que había relatado una y otra vez. Porque el flamenco es un arte de memoria, un diálogo con el pasado. Gracias a su testimonio, conocemos que el Canario Chico, el primer cantaor en cantar a piano, era gitano. Años después de estas declaraciones se encontraron los cilindros de cera con los cantes a piano del cantaor. También por Matrona tuvimos noticias de Rafael Moreno el de Jerez, otro artista del que apenas teníamos noticias salvo la que nos ofrece aquí Matrona y del que también se descubrieron grabaciones pasado el tiempo. Es decir que Matrona contaba con una memoria prodigiosa, de elefante y, a diferencia de otros testimonios de su generación, como el de Pericón, esta era bastante fiel a los hechos.

Su vida eran las fiestas. Y lo siguieron siendo en la posguerra. De hecho en la llamada Etapa de Rehabilitación su figura tuvo un gran reconocimiento que empezó con su participación en la famosa Antología del Cante Flamenco de Hispavox (1954). Cantaba en esta obra Matrona soleares de Triana, livianas y serranas. Cantes del repertorio de Silverio que había aprendido Matrona de viva voz de Chacón. El éxito de la obra en Francia hizo que Matrona reverdeciera laureles. De hecho, la época de mayor popularidad de su figura fue la que sucedió a dicha grabación con largas estancias en el país vecino y giras por Europa, África y Estados Unidos, amén de algún homenaje en La Sorbona. Luego llegó el reconocimiento patrio y los registros de los que hablábamos más arriba.

Pepe el de la Matrona.

José Luis Ortiz Nuevo.Sevilla, Athenaica, 245 pp.

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