Raquel sánchez silva - periodista y escritora

"Tenemos que aprender a reírnos de Carrie Bradshaw"

  • La popular presentadora de Cuatro invita a las lectoras de su primer libro, 'Cambio príncipe por lobo feroz', a rebelarse contra la imagen que la sociedad les ha impuesto y a cambiar el final de los cuentos.

Érase una vez que se era un grupito de adictas a los Manolo Blahnik que corrían por las calles de Nueva York en búsqueda y captura de un pobre esclavo de gimnasio al que someter. Así son los cuentos modernos que nos vende la televisión, sin ataduras emocionales baratas, ni un ápice de romanticismo. Raquel Sánchez no quiere formar parte de ese universo ficticio que se engloba en los estrechos márgenes da la literatura infantil y los libros de autoayuda, porque ser una mujer de nuestro tiempo, es más complicado que todo eso. Para demostrarlo, acaba de publicar Cambio príncipe por lobo feroz, un libro con el que anima a las treintañeras a que saquen los pies del tiesto, como está mandado. Aquí tienen algunas de las claves de esta obra.

-La primera pregunta, se la haré a bocajarro. ¿Cuánto daño ha hecho entre las féminas esa superwoman que nos venden por televisión?

-Muchísimo. Es urgente que nos riamos de Carrie Bradshaw y del modelo de mujer que representa. La sociedad exige que seamos risueñas, cultas y profesionales, que mantengamos un tipazo y el saber estar. Eso es casi imposible y las que lo consiguen, casi por inercia, se dan cuenta de que han sido abducidas por la publicidad en una ficción ridícula. No hay que tomárselo como un drama, sino que deberíamos tomar cartas en el asunto y rebelarnos.

-Eso suena a filosofía del Diario de Bridget Jones. ¿Se siente identificada con este personaje?

-Todas llevamos dentro un poquito de Bridget. Me gusta la parte solitaria y llorona de esta treintañera, así como sus adicciones al tabaco y al chocolate. Podría ser yo, o cualquiera de mis amigas en un momento determinado. Lo que no comparto es esa búsqueda suicida del novio perfecto. No me lo creo. Ella es demasiado inteligente como para caer en eso, a cualquier precio.

-En el primer capítulo de su obra dice que "no hay Juan sin miedo". ¿Cree que los hombres están asustados por el ascenso de la mujer?

-Esa es la conclusión simplona a la que hemos llegado todos, rápido y mal. No digo que no se hayan asustado de esa mujer implacable que no los necesita para nada y que parece que viene a machacarlos, como las Samantha de Sexo en Nueva York. Pero si ellos tienen miedo, ¿qué no sentiremos nosotras que tenemos que convertirnos en esa máquina infalible?

-¿Existe también un complejo de Peter Pan en versión femenina?

-Cada vez más, pero de momento, nosotras no lo tenemos tan agudizado. Antes había más solteros que solteras y ahora, la tendencia se está igualando. De cualquier manera, envejecer no es fácil para nadie. Yo me río de los eternos adolescentes, pero es una tabla de salvación tierna. Lo malo es cuando esa burbuja que se han inventado, se lleva por delante a otras personas.

-¿La cosmética representa el elixir de la eterna juventud o el mejor placebo del siglo XXI?

-A estas alturas de la vida, nadie se cree las promesas de los anuncios de belleza y aún así, todas usamos alguna crema. Esta bien lo que te hace sentir mejor contigo misma, pero el problema es que se te vaya de las manos. A mí me asusta caminar por la calle y ver mujeres clóricas, con rostros sin expresión y rasgos idénticos. Eso es tortura facial, una auténtica masacre a la que se somenten las estrellas en clínicas legales.

-Dice usted que es preferible escoger el rol de madrastra que el de princesa. Pero lo cierto es que al final no estamos cómodas en ninguna de estas facetas. ¿Qué opina de esto?

-Hay que aprender a vivir con ello y aceptar que la vida nos exige que sepamos defendernos en distintos roles, sin sentirnos culpables. En las noches de fiesta vale la pena ser la madrastra castigadora y otras gusta que te hagan sentir como una princesa. Hay que servir hasta para ejercer de loba.

-Actualmente sería insufrible calzarse unos zapatitos de cristal para correr en busca de un taxi y hace tiempo que los príncipes azules destiñen. ¿La solución es asumirlo?

-Buf, no. Deberíamos apostar por la mezcla entre el lobo de los sábados por la noche y el príncipe de los domingos por la mañana. Puedo asegurar que existe, pero es difícil de encontrar y nos conformamos con imitaciones.

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