Los 35 años de una Danza 'invencible'

  • La banda Danza Invisible celebra sus tres décadas y media de actividad con el libro biográfico de Salva Moya y un concierto el 18 de marzo en Torremolinos

Javier Ojeda, Manolo Rubio y Chris Navas, de Danza Invisible, junto al autor del libro 'Compañeros de camino', Salva Moya. Javier Ojeda, Manolo Rubio y Chris Navas, de Danza Invisible, junto al autor del libro 'Compañeros de camino', Salva Moya.

Javier Ojeda, Manolo Rubio y Chris Navas, de Danza Invisible, junto al autor del libro 'Compañeros de camino', Salva Moya. / javier albiñana

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Ya siendo conocidos, tuvieron un concierto en Ceuta pero erraron con su nombre y de Invisible pasaron a ser Invencible. Quizás el fallo fue más bien una premonición. Su visibilidad fue notable, su éxito se expandió por todo el país y una generación entera sabe las letras completas de sus canciones. Pero no sólo vivieron las mieles del momento, la acogedora movida de los 80 que dio cabida al talento más diverso. Su trabajo continuó en la década siguiente y en la siguiente y 35 años después pueden decir, como pocas bandas, que su amistad permanece intacta. Los malagueños celebran la singular fecha con un concierto el próximo 18 de marzo (a las 21:00) en el Auditorio de Torremolinos, la ciudad que los vio nacer. Pero la fecha quedará recordada también por la publicación del libro biográfico Compañeros de camino, del escritor y periodista Salva Moya.

"Hace 30 años viví en el barrio de Huelin y mi compañero de instituto me regaló un casete con música de contrabando, así conocí a Danza Invisible y así me aficioné a ellos, luego les hice entrevistas como periodista y he conseguido tener cierta amistad con ellos", relata el autor del libro. "Les pregunté si iban a hacer algo especial para el 35 aniversario y les dije que una banda como la suya debería de tener un libro biográfico", dice Moya. "Pues hazlo tú, me contestaron", añade. Entonces, en absoluta complicidad con todos los miembros del grupo, comenzó a reunir hechos relevantes, discografía, grandes conciertos en los que han tocado, proyectos paralelos, el efecto Sabor de amor y lo que vino después... Así hasta completar una obra con numerosas fotografías -incluidas muchas inéditas de los fondos personales de los músicos- anécdotas y relatos de una vida "sin parar de girar, siempre en la carretera", como explica el autor del libro editado por Círculo Rojo y que se lanza el día del concierto.

Ahora mismo para sacar un disco de material nuevo hay que ser muy romántico"

Entre febrero y marzo de 1982 unos jovencísimos cantante y guitarrista -Javier Ojeda y Antonio Luis Gil- ingresaron en el grupo que se había gestado unos meses antes. Empezaron a tocar, a componer y poco después sus temar sonaban en radios y discotecas. "Empezamos desde abajo, tuvimos momentos de éxito y luego hemos continuado trabajando juntos siempre, seguimos siendo amigos", comenta el cantante Javier Ojeda. Por eso, apunta, el del 35 aniversario "será el concierto de celebración de la amistad y contaremos con colaboradores muy importantes para nosotros, grandísimos músicos de la cantera malagueña".

También explica el cantante que "hemos decidido arriesgar, no vamos a tocar un repertorio previsible". Eso sí, Sabor de amor "hay que tocarla, sino parece un gesto de prepotencia hacia tu público", considera Ojeda. Esta selección de canciones "más desaprovechadas" se van a grabar para poder conformar posteriormente un álbum de directo. "Será una gran fiesta de la música, que durará unas tres horas porque antes que nosotros salgamos al escenario actuarán músicos de Torremolinos que nos han hecho un homenaje a los que fuimos sus padres musicales", dice Ojeda y desvela que "han seleccionado canciones de nuestro repertorio que no son muy comunes y que no coinciden con las que vamos a tocar después", agrega.

El guitarrista Manolo Rubio señala que "va a ser una cita muy especial, va a quedar un espectáculo muy bonito con sorpresas que no desvelaremos, una fiesta de cumpleaños para nosotros y los aficionados". El libro Compañeros de camino se venderá en el concierto y, posteriormente, se distribuirá en librerías y se pondrá a la venta por Internet. "Lo he hecho con mucho cariño, desde el toque subjetivo de un aficionado, contando con el testimonio de los protagonistas, colaboradores, conductor, rock manager... toda la familia de Danza Invisible con mayúsculas", indica Salva Moya.

El libro también es reflejo de una época, de la considerada edad de oro del pop español, esa en la que todo la underground supo escalar a la superficie para hacerse mainstream. "Tuvimos también mucha suerte", considera el bajista Chris Navas. "Ahora la franja de música que se acepta en una radio es mucho más estrecha, todo parece cortado por el mismo patrón, y la tele es mucho más hostil para la música", añade y subraya lo "fructífero" que fueron los 80, con "una diversidad y una oferta que hoy no existe". Eso sin contar con el IVA "salvaje", como considera Ojeda, ni las nuevas plataformas de contenidos. "Tenemos más de 2 millones de reproducciones de Sabor de amor en Spotify y por ello hemos cobrado 80 euros", apunta el cantante.

Los tiempos han cambiado mucho y "no es cuestión de quejarse", señalan. Eso sí, "ahora mismo para sacar un disco de material nuevo hay que ser muy romántico, querer mucho esta profesión y tener una autodeterminación de guerrero, porque la industruia está que no se puede y hay muchos a los que se le quitan las ganas, no te ponen en las radios y si no conocen los nuevos temas la gente no lo compra y luego en los conciertos se sigue pidiendo lo mismo", analiza Ojeda. Quizás por estas razones Danza Invisible no se lanza de nuevo a componer. Sin embargo, señalan, "mientras sigamos siendo amigos y tocando puede surgir una chispa y la posibilidad de componer nuevamente juntos está ahí".

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