Fiala siete

Más allá de la competición

Rivales es, por el momento, la última película española estrenada en nuestras salas, cuyo arribo, pese a la agudizada crisis de estas últimas fechas ha afectado a los cines -la otra, la económica, que a todos nos aflige, está ahí al cabo de la calle- ha sido bastante favorable para la peculiar acogida que en el público tienen los films de producción nacional. Quizás la naturaleza de la historia que nos presenta y su oportunidad, en plena euforia futbolística por el éxito de la selección española de fútbol en la Eurocopa, hayan beneficiado ese afecto en el público.

Suele ocurrirle a las películas de Fernando Colomo, que tiene un tacto especial para compaginar un cine comercial con unos asuntos de determinado carácter social muy español. El llamado máximo representante de la llamada "nueva comedia madrileña", como recordaba en mi crítica de la película publicada aquí el pasado miércoles día 2, podríamos evocar entre sus muchas realizaciones Los años bárbaros(1998) y Al sur de Granada(2002), como ejemplos para indicar que también ha cultivado otros géneros, ha elegido esta vez el fútbol como contrapunto para buscar el lado divertido y sarcástico de situaciones amargas y cotidianas.

En torno a un partido que enfrenta a dos equipos de fútbol juvenil, Deportivo Madrileño y Atlético Barcelonés, en una final a dirimir en Sevilla, los padres de los jugadores que viajan con ellos proyectan sus frustraciones y conflictos personales, el consumismo que motiva a los más jóvenes o la crueldad de la derrota en una sociedad donde ganar es lo único que importa. Ello le sirve al realizador para presentarnos diferentes personajes y las historias de cada uno. Quizás esta acumulación de personajes y circunstancias, lleve a Fernando Colomo a perderse en algún momento en tanta maraña ocasional y la película se vea afectada por ciertas pérdidas de ritmo narrativo.

No obstante en su realización, a manera de la clásica "road movie" norteamericana, hay personajes muy bien definidos, oportunamente expresados y muy vivos, prodigando anécdotas bien resueltas y pasajes agudos, ácidos, corrosivos y en algunos casos resueltamente divertidos. Apreciamos secuencias tan jugosas como la del autobús en la que la contribución de los actores es fundamental para proporcionar la naturalidad que requiere esta situación. Es en momentos como éste donde se advierten esos recursos que Fernando Colomo acierta a expresar con gracia para provocar la risa de los espectadores.

En esta comedia, donde el motivo esencial del relato va más allá de la pura competición futbolística, puede haber una cierta superficialidad en algunos aspectos de las cuestiones que caricaturiza, pero hay muchos guiños inteligentes sobre muchas cuestiones que nos resultan familiares y cercanas, sobre todo para retratar a una sociedad en buena parte ramplona, consumista, dada a prodigar las apariencias más que a la reflexión y la coherencia. Entre bromas, unas más ingeniosas, otras más burdas, Fernando Colomo retrata y ridiculiza muchas actitudes vigentes en nuestro pueblo.

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