El agridulce ronroneo de Sr. Chinarro

  • La discográfica Mushroom Pillow publica el próximo 1 de abril el décimo álbum del sevillano Antonio Luque, una bienhumorada crónica del desamor no exenta de los dolores y miedos de las rupturas

El próximo martes 1 de abril la discográfica Mushroom Pillow pondrá en el mercado Ronroneando, décimo álbum del músico sevillano Antonio Luque, alias Sr. Chinarro. Registrado aquí, como el anterior -El mundo según (2006)-, con producción de Jordi Gil -integrante del grupo Solina, productor de numerosas bandas locales de la última hornada y acompañante habitual de Luque en directo-, Ronroneando revela ya en sus primeras escuchas la continuidad de la línea abierta por Sr. Chinarro en El fuego amigo (2005), grabado en su día en Granada bajo producción de J (Los Planetas) y con un puñado de colaboraciones que incluyeron a Pedro San Martín (La Buena Vida), Antonio Arias (Lagartija Nick), Javier Neria (Salieri) y hasta un inesperado Enrique Morente -festero y contundente en la brillante El rito-.

Corredor de fondo de la escena del pop independiente nacional, con El fuego amigo iniciaba Antonio Luque un cierto deslizamiento -rastreable ya en muchas de sus entregas previas, aunque nunca de manera tan evidente-, hacia posiciones más accesibles a un público amplio, sin perder por ello en el camino su particular habilidad para hilvanar textos preñados de humor, imágenes poéticas y múltiples sentidos y niveles de lectura.

Ese cambio, desde luego una asunción antes que una concesión, se concretó fundamentalmente en el tratamiento del sonido -limpio, claro- y en el retorno al formato clásico de canción pop, horma variable en su forma y profundidad pero, en el fondo, perfectamente identificable. Lejos queda desde entonces, al menos hasta la fecha, el regusto por la experimentación -La primera ópera envasada al vacío (2001)-, que cede la totalidad del protagonismo a la puntería del francotirador de las letras que es Luque, mientras que los arreglos, en un falso segundo plano, ornamentan sin distraer la atención ("Lo que hay que hacer es aprenderse bien las canciones y no perder mucho tiempo afinando" es otra de las muchas y memorables frases de Antonio, dicha a propósito de otros de sus mejores discos, El ventrílocuo de sí mismo (2003), que marcan el aterrizaje del artista, cargado de oficio, en el suelo que pisa).

Con El mundo según reiteró Sr. Chinarro esa voluntad por amoldarse a un luminoso clasicismo -los aficionados al rock norteamericano pueden encontrar un entretenido pasatiempo a la busca de paralelismos entre la deriva de los adalides del slowcore y otras expresiones intensas hacia la tradición folk y esta otra mutación local-, cercano no sólo ya a las sonoridades mediterráneas y a algunos de los héroes músicales de Antonio Luque durante los 80, sino directamente contaminado de flamenco -ahí estaban, para corroborarlo, Del montón, La última cena o Gitana-, prolongación acaso natural de la colaboración con Enrique Morente.

Para quienes hayan entrado en contacto con tan singular manifestación del pop español mediante alguno de estos dos últimos discos, y hayan disfrutado con ellos, la buena noticia es que Ronroneando, como ya se ha apuntado, persevera musicalmente en esa línea clara -con momentos que no hace mucho quizás hubiéramos consideraro delirantes, como la rondalla tunera de El teórico-; la mala, o regular -según se mire-, es que Luque exorciza los demonios de una reciente ruptura sentimental en una sucesión de canciones que no son "de amor y desamor", como él mismo apunta en un texto promocional, sino directamente de lo segundo. Por fortuna, no falta el humor: Se dice que si uno no quiere dos no se pelean / pero ha vuelto a pasar / y es que el bicho que te haya picado / bien merece un documental, canta en Los amores reñidos.

Disco agridulce más que triste desde su perspectiva temática -pues no olvida que el momento de la ruptura abre también posibilidades a otras vidas-, Ronroneando marca otro brillante capítulo en la trayectoria de Sr. Chinarro. Permanezcan a la espera.

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