Un actor bajo la influencia

  • Muere a los 83 años Peter Falk, un intérprete famoso por su papel del detective Colombo que también tuvo una presencia singular en el cine de John Cassavetes

Peter Falk, que falleció ayer en Beverly Hills, Los Ángeles, a los 83 años, será recordado siempre por el gran público como el teniente Colombo, aquel entrañable y sagaz detective de la gabardina vieja y el achacoso Peugeot 403 del Departamento de Policía de Los Ángeles a quien le prestó su peculiar voz carrasposa y su suave mirada estrábica en la popular serie del mismo nombre, todo un fenómeno de culto en la televisión española de finales de los años setenta.

Sin embargo, es mucho menos conocida y puede que mucho más estimulante su singular presencia en el cine de John Cassavetes, un cineasta que, con el paso de los años, se nos revela como una de las voces más importantes e influyentes del cine norteamericano moderno, maestro del esbozo, la energía dramática y la improvisación como materias primas esenciales de un lenguaje cinematográfico empeñado en arrancarle verdades a la vida lejos de las convenciones de Hollywood.

Si en Husbands (1970) Falk encarnaba a uno de los tres amigos casados que soñaban con una última y fallida escapada de sus pequeñas vidas burguesas junto a Ben Gazzara y el propio Cassavetes, en Una mujer bajo la influencia (1974), su mejor película y una obra maestra indiscutible, interpretaría al marido de Gena Rowlands, un tipo corriente y sin atributos, tal vez como el propio Falk, un currante y padre de familia capaz de soportar en sus brazos la furia descontrolada y arrolladora de la locura con la contundencia rocosa que da un amor incondicional que va mucho más allá de cualquier cliché dramático o cinematográfico.

Bajo la mirada inquisidora de Katherine Cassavetes, la madre del director que interpretaba a la suegra, Rowlands y Falk protagonizaban un memorable duelo de cuerpos, gestos y miradas de tal autenticidad e intensidad que aún vibra en los fotogramas de la película con el mismo desgarro original de aquel registro capturado por la cámara al acecho de Cassavetes, testigo privilegiado y orquestador de una representación en la que tal vez estuviera expiando sus propias culpas y temores.

Director y actor volverían a colaborar una vez más en Big Trouble (1986), comedia rodeada de incidencias de la que el director de Faces se hizo cargo como gesto de amistad hacia su amigo y que sería a la postre su última película.

Hombre de teatro, ganador de 4 premios Emmy y un Globo de Oro, Peter Falk (Nueva York, 1927) se curtió en los escenarios del Off-Broadway hasta que, ya en la treintena, decidió probar fortuna en Hollywood. Allí consiguió jugosos papeles de secundario, como no podía ser de otra manera, y con El sindicato del crimen (1961) y Un gángster para un milagro (1962), obtendría sendas y no recompensadas nominaciones al Oscar.

Aparecería en títulos como El mundo está loco, loco, loco (1963, Kramer), La carrera del siglo (1965, Edwards), Penélope (1966, Hiller) o La fortaleza (1969, Pollack), y volvería a un papel protagonista junto a Cassavetes en Mikey and Nickie (1976), de Elaine May. En los setenta, ochenta y noventa volvería a encarnar al teniente Colombo en varios largometrajes y en una nueva y descafeinada etapa de la mítica serie, trabajo que alternó con apariciones estelares en Cielo sobre Berlín (1987) y Tan lejos, tan cerca (1993), de Wim Wenders, La princesa prometida (1987), de Rob Reiner, y otros títulos menores donde no necesitó ni mucho tiempo, ni muchos planos, ni muchas líneas de diálogo para dejar su singular impronta.

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