Vuelve el cazador de androides

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Pudieron leerlo ustedes en nuestro diario el pasado veinte de agosto: Según publicaba el portal especializado Deadline, el director británico Ridley Scott se había comprometido con la productora británica Alcon Entertainment a producir y dirigir una nueva versión de una de sus más aclamadas películas, Blade Runner, convertida por muchos en una auténtica cult movie de la ciencia-ficción. Treinta años después de su estreno la productora había adquirido los derechos para lo que puede ser una precuela o una secuela de la famosa adaptación de la obra de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, publicada en 1968.

Curiosamente se ha recordado muchas veces que cuando se estrenó Blade Runner en 1982 no fue un éxito ni mucho menos. Pudiéramos decir que pasó sin pena ni gloria. Sin embargo algún tiempo después las críticas y las apreciaciones de algunos analistas cinematográficos empezaron a considerarla un auténtico incunable del género y a partir de ahí la veneración por el film ha hecho historia. Era un relato que nos trasladaba al año 2019 - ahora lo vemos más cercano - cuando el policía Rick Deckard, por cierto protagonizado por Harrison Ford, se dedicaba a la captura de androides en una ciudad alucinante de auténtica pesadilla. El caso curioso de la vuelta a esta especie de remake ha dado lugar a la especulación sobre si Harrison Ford, con casi treinta y tres años más a las espaldas, puesto que la película se empezará rodar como pronto en 2013, será o no su protagonista. El film no se estrenaría hasta el 2014, ya que ahora Ridley Scott está en otro proyecto, una especie de nueva versión de otro de sus más famosos éxitos, Alien (1979), aunque con un nuevo título, Prometheus, que puede llegar a las pantallas el año próximo.

Recordemos que Ridley Scott hizo un nuevo montaje de Blade Runner en 1992, con lo que vio renovada la vitalidad duradera de su película. Hace dos años llevó a cabo una nueva revisión con la decisiva y valiosa aportación de unos planos que le han permitido perfilar los personajes y sus relaciones, especialmente del protagonista y del que interpretaba la actriz Sean Young, además de retocar la magnífica banda sonora compuesta por Vangelis. Algunos otros planos, de los que el realizador nunca estuvo satisfecho, pudieron modificarse merced a la tecnología digital, hasta el punto de incluirse el rostro de la actriz Joanna Cassidy en la secuencia de la persecución de su personaje, para la que se había utilizado un doble, así como el cambio del vuelo de la paloma que ponía punto final al famoso monólogo de Rotger Hauer en el desenlace.

Pese a todos los elogios y encumbramientos de la película no es una de las que más me entusiasmen. Lo siento. Más allá de sus valores estéticos, filosóficos, sociológicos y puramente cinematográficos, su halo gótico y sus perspectivas en el tiempo, que en muchos aspectos se han reproducido en nuestra realidad actual, hay algo en Blade Runner que me provoca un gran desasosiego y no me anima a verla una vez más. Lo que no suele ocurrirme con otros incunables del cine.

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