Crítica cine

Tomasito: Papas con alcauciles

Tomasito, el lunes en Punta. Tomasito, el lunes en Punta.

Tomasito, el lunes en Punta. / m.g.

El niño robot volvía a los escenarios onubenses con ese marchamo de artista asequible, cercano y atrayente (creo que para todo tipo de público).

Los años pasan y ese enclenque autómata del baile, arrecogido en la cuna del flamenco ortodoxo y puro, en la cava de los gitanos jerezanos pese a sus estrafalarios ademanes, resiste todo tipo de envites (ya cada vez son menos) con el único escudo de su encanto personal, sin parangón estilístico ni referente cercano alguno en nuestro país.

Los años pasan y este enclenque autómata del baile resiste todo tipo de envites

Sus satélites colindantes, algunos paisanos finos, o gigantes de larga carrera, y otros almibarados, Los Mártires del Compás, o los Navajita, le ven pasar poniéndole cara de póker, mientras él les deja atrás en las juergas por bulerías, guiñando un ojo a la generación delincuente, con quien comparte plásticos y decibelios, haciendo el Michael Jackson por bulerías, metiendo a Rosendo por rumbas, flirteando con AC/DC (de quienes ha creado un verbo-homenaje con una de sus canciones más célebres). Por desgracia, no cayeron en Punta ninguna de ellas. De las versiones, digo. A falta de mucho baile o rap, transcurrieron entre risas al Singing in the rain la Rumba del Revés, los aires morunos de Libre y a mi manera, una interminable Soy un limón, La cacerola muy jipi y con mochila del Madrid (porque "nadie es perfecto"), los tangos frenéticos de El abandono, África (alegrías y Cádiz), o la esencia más venenosa en Quema Quema.

Tomás Moreno culmina con aje una hora larga al borde del despelote, donde no faltan clásicos con gran arrebato eléctrico como Oh Mare y Camino del hoyo, y que rubrica con bocados de realidad popular como Señores ladrones o Freiduría, y otras que se funden en el imaginario colectivo bacileta, mucho más que el tacto de frío cristal que desprenden algunos de sus discos. Y al final se despide, con Volando voy de fondo, con sus botas verdes en la mano y esa su cara de lagartón. Y mientras se pierde tras el escenario, recuerdo su soniquete: "Yo no quiero pistolas, no quiero fusiles, porque yo lo que quiero es las papas con alcauciles...".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios