verónica forqué. actriz

"Todas las personas deberían escribir su vida"

  • La artista encabeza el reparto de 'Buena gente', obra que explora los desafíos y deseos de Margarita, personaje que interpreta Hoy llega a las tablas del Teatro Alcalde Juan Manuel Santana de Lepe

Con 40 años de carrera profesional a sus espaldas en los que prácticamente lo ha hecho todo como actriz, Verónica Forqué encabeza hoy el elenco artístico que representa a las 21:30 en el Teatro Alcalde Juan Manuel Santana de Lepe Buena gente. La obra llega a la localidad costera después de una excelente temporada en la Gran Vía madrileña, donde miles de espectadores han podido disfrutar de toda una "experiencia".

-¿Se considera pura sonrisa?

-Pues no lo sé. Uno nunca se ve como es realmente. Te ven los demás y todos me dicen eso y pienso, pues igual soy un poco boba ¿no?. Mi padre sonreía mucho, era muy alegre y de sonrisa fácil, y mi madre también. Eso influye mucho, ver a unos padres sonrientes te hace ser así. Mi hermano, que por desgracia ya no está conmigo, era un ser de otro mundo, como Peter Pan. Era el hombre más alegre, gracioso y con el mejor sentido del humor que he conocido.

-Los malos momentos que ha atravesado, sobre todo por la muerte sobrevenida de su hermano, ¿a quién han afectado más: a la Verónica Forqué persona o a la Verónica Forqué actriz?.

-A la persona. Sin duda. Yo ya me he dado cuenta de que no lo voy a superar nunca. Tengo que entender y aceptar que eso no se supera y lo voy a echar de menos mientras yo siga aquí. Y es que mi hermano era para mí un ser muy especial y con una inteligencia y una gracia fuera de series y con el que me encantaba hablar. Nos tirábamos horas al teléfono. Y eso, ¿cómo no lo vas a echar de menos?, pero la vida es así y no vamos a estar siempre aquí. Todos nos vamos a ir, aunque me hubiera gustado que mi hermano se hubiese esperado un poquito porque se fue joven. Pero la vida me recompensa con otras cosas maravillosas como mi hija y mi madre que, aunque muy viejita ya, está muy bien, o mi trabajo.

-Es hija y familia de artistas. ¿Lo es por vocación o por recoger ese testigo familiar?

-Un poco por las dos cosas, pero desde luego por vocación. Yo desde muy pequeña sabía que iba a ser actriz. Me veía a mi misma siendo actriz, no me preguntes porque nadie en mi casa me fomentaba esa inquietud. Yo además no lo decía, porque aunque mi padre era director de cine sabía que no le hacía ninguna gracia, por eso de que los padres queremos que nuestros hijos sean dentistas o cosas así. Pero cuando ya me vio en algún ejercicio de la Escuela de Arte Dramático vio que yo tenía algunas condiciones y empezó a confiar en mí. Desde entonces se convirtió en mi fan número uno y siempre me apoyó en todo lo que hice. Y eso fue maravilloso.

-Hablando del testigo familiar, parece que su hija, María Forqué, también lo ha recogido. ¿Quién es más transgresora de las dos?

-María, lógicamente. Tiene 24 años. Aunque yo también lo era. Cuando tenía la edad de mi hija Franco se acababa de morir y, a mi estilo, también lo fui. Pero mi hija es muy valiente, es un ser maravilloso que hace lo que quiere y creo que tiene mucho talento. Vamos a ver por dónde la lleva la vida.

-Cuatro Goyas y numerosos premios. ¿Qué supone tantos reconocimientos para Verónica Forqué?

-Siempre es una alegría muy grande que la profesión, porque los Goyas los otorgan tus compañeros del cine, te reconozcan. Además siempre es una sensación pensar que lo que estoy haciendo les llega a los demás y me lleva a tener que hacerlo cada vez mejor. Estoy orgullosa de ser actriz y de que mis compañeros crean en mi. Es muy bonito y estimulante, te da fuerza.

-¿Es más conocida por el cine o por el teatro?

-Por la tele. Todo el mundo es conocido por la tele. Y eso es estupendo. Me conocen desde hace muchísimos años, desde que empecé, porque siempre he hecho televisión, aunque en los últimos años poco. El año pasado estuve en la temporada de La que se avecina, ya que los actores si no estamos de vez en cuando en la televisión parece que nos hemos muerto.

-¿Le gustaría ser más conocida por el teatro?

-En realidad soy conocida por todo. Tengo muchos años y me han visto los de mi generación, los más jóvenes y los mayores. Son 40 años de carrera y de hacer todo. Lo raro sería que después de todo esto nadie me conociera. Eso sí que sería triste para mí.

-¿Qué le aporta el teatro que no te aporte la televisión y el cine, y viceversa?

-El teatro es el lugar donde me encuentro más feliz como actriz, y en el que me siento más libre. Es el lugar más estimulante y emocionante. Y es un viaje que empieza cuando se levanta el telón y termina cuando se cierra. No hay un director que te diga corten otra vez, y corten otra vez… Es, en definitiva, un viaje que haces con tus compañeros y con el público, que es quien te da la energía para que todo fluya. Es una experiencia maravillosa.

-¿Qué es 'Buena gente'?

-Una obra muy realista, amarga, divertida y en la que se cuenta la historia de gente muy corriente que vive en un barrio. Margarita, que es mi personaje, es una mujer con una vida difícil, con muy poco dinero, madre soltera de una hija discapacitada y se queda sin trabajo nada más empezar la obra, de manera que desesperada tiene que acudir a sus amigas y vecinas, que la animan a visitar a un antiguo compañero del colegio y que ha tenido mucha suerte en la vida a pedirle ayuda. Es una obra maravillosa, que todo el mundo entiende, y donde la gente llora y se ríe.

-El contenido tiene mucho que ver con la suerte. ¿Cree en la buena o la mala suerte?

-Creo mucho en la buena suerte, y en la mala también. Pero no creo que sea algo azaroso. Alguien no tiene mala o buena suerte porque sí. Creo que a la suerte hay que conocerla, mirarla de frente y llamarla con alegría. Hay que estar para ella y no quedarte encerrado en casa lamentándote.

-¿Tiene que ser el artista siempre una persona comprometida?

-Creo que sí. De hecho, los artistas en general, y los actores, somos personas que nos apuntamos si hay que ayudar. Fíjate que el 'No a la Guerra' surgió de los actores, y fue un movimiento muy importante aunque al final so sirviese para pararla. Por naturaleza y tradición los actores estamos más cerca de los desfavorecidos, y somos gente comprometida con los que sufren porque en general somos sensibles. También al ser conocidos tenemos más oportunidad de ayudar, aunque hay muchísimas más personas anónimas que hacen un trabajo que admiro desde lo más hondo de mi corazón porque en realidad son las que están haciendo que el mundo no desaparezca.

-¿Alguna causa con la que se sienta especialmente identificada?

-Pues ahora, como todo el mundo, estoy muy sensibilizada con el tema de los refugiados. A ver como acaba todo esto porque de lo que se habló a lo que está ocurriendo es como la noche y el día. Y como a todos me causa un dolor muy profundo y una sensación de mucha impotencia.

-¿Cómo ve al mundo de la cultura en España?

-El tema del IVA al 21% ha hecho un daño irreparable a todo el sector. Y espero que el nuevo gobierno, aunque aún no sabemos cuál va a ser, se ocupe de esto en serio porque los productores van a tener que cerrar. No pueden asumir ese gasto. Una productora pequeña como en la que yo trabajo no sé cómo lo hace porque a pesar de estar llenando teatros en todas partes va con el agua al cuello.

-En materia de cultura pide al nuevo Gobierno que solucione el tema del IVA cultural. ¿Qué le pide en general de forma urgente?

-Que sea un Gobierno decente y con verdadera vocación de servicio, porque los políticos son personas que están para servir a los ciudadanos y a su país, y no son estrellas del rock&roll ni están ahí para enriquecerse. A ver si conseguimos, y creo que ya se están dando pasos en ese sentido, poner nombre y apellidos a todos los ladrones, que son muchos, y damos espacio a gente con interés, vocación y humildad para servir a todos los españoles, sin excepción. Y desde luego me gustaría un Gobierno que no apretara la tuerca del liberalismo y el capitalismo diabólico, que ya se ve que no funciona. Hay que buscar un socialismo democrático, pero un socialismo de verdad, y un sistema en el que los más pobres se puedan operar y puedan acceder a la educación y a la cultura, que es alma de un pueblo.

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