Sigue el racionamiento

Cante: Arcángel. Guitarra: José Antonio Rodríguez. Baile: Antonio Canales. Segunda guitarra: Chico Gallardo. Coros y palmas: Los Mellis. Percusión: Agustín Diassera. Bajo: Pedro Vinagre. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: martes, 28 de septiembre. Aforo: Lleno.

Hay veces en que la adición no suma. En arte suele ocurrir. Afortunadamente, porque en el caso contrario no sabríamos distinguir el arte de las matemáticas. Funciona cuando pasa de forma natural: Paco-Camarón en lo nuestro, Lennon y McCartney, Ford-Wayne, Parker-Gillespie... F2 proponía sobre el papel la suma de dos talentos de la escena flamenca contemporánea, a la que sumar un tercero en momentos puntuales. Hubo y no hubo entendimiento. Lo hubo porque se resolvieron con profesionalidad algunos temas. No lo hubo porque estamos acostumbrados a una fusión llamada Arcángel-Miguel Ángel Cortés que, sin experimentos, bien asentados en el territorio del flamenco clásico, suele dar resultados arrolladores. Lo llevamos viendo unos cuantos años y lo hemos experimentado este verano en no pocos festivales bajo las estrellas. Por supuesto que cada artista genera su propia escala de valores, y la de Arcángel, por sus extraordinarias condiciones, es de las más altas del panorama actual.

No funcionó también en un nivel técnico: la guitarra sonaba como un trueno y la voz era apenas un susurro. Creo que Arcángel no encontró su sitio en el escenario en toda la noche y ello se reflejó en el volumen y la escasa naturalidad de una voz que, habitualmente, en virtud de sus enormes condiciones, se muestra con total entrega. La mayor parte del tiempo parecía un miembro más del grupo de José Antonio Rodríguez. El concierto se articuló sobre números escogidos de los respectivos repertorios, que se iban alternando. El medio concierto de José Antonio Rodríguez funcionó al nivel que nos tiene acostumbrados. No así el otro, como digo más arriba: en los momentos en el que el cante debía brillar con luz propia no lo hizo. Tampoco el acompañamiento de Rodríguez se puso en toda la noche al servicio del cante. Ni siquiera en los fandangos de Huelva, que Arcángel hace con la naturalidad con la que respira, estuvo a su altura acostumbrada. No digo que no fueran correctos, pero no a la altura acostumbrada. Como el resto de la noche, no funcionaron los arreglos. Los arreglos funcionaron, sólo, en las pinceladas de cante que Arcángel dio en los números, cerrados, que firmó el guitarrista.

Antonio Canales ofreció cuatro pinceladas en las que mostró que sigue abonado a su recurso de los últimos tiempos: un estilo exagerado y gestual, pleno de aspavientos, en el que de tarde en tarde se desliza una gota del baile de muchos quilates que sigue, con todo, atesorando. Y así nos vamos consumiendo y manteniendo en esta Bienal, con gotas contadas en la travesía del desierto flamenco. Menos mal que el otro día con Pastora Galván nos pudimos dar, por fin, un atracón.

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