Sevilla recibe a los reyes de los estadios

  • La banda irlandesa llega el jueves a la Cartuja, donde tocará las canciones de 'No line on the horizon' y todas las anteriores que la han convertido en una de las más populares del planeta en las últimas tres décadas

Todo está preparado en el Estadio de la Cartuja para recibir la noche del jueves la visita de U2. Y al margen del balance musical que arroje la actuación, será una fecha especialmente lógica y significativa, pues confirmará espectacularmente -esto es seguro- el éxito de la política de los responsables del recinto de amortizar sus instalaciones cediéndolas para conciertos de alcance internacional. Tras las sucesivas paradas en los últimos tres años de Héroes del Silencio, Madonna, Bruce Springsteen y la más reciente de AC/DC, el pasado 26 de junio, es hasta lógica la presencia en esta cadena de la banda irlandesa, que vendrá a reclamar lo que es suyo desde hace tantos años: el trono mundial del stadium rock.

El motivo que trae a Sevilla a Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. es el U2 360° Tour, la faraónica gira mundial en la que, con la excusa de la publicación de No line on the horizon, su último disco, están embarcados desde junio de 2009 y comprometidos hasta el verano del próximo año. No hay un solo dato de la gira que no hable de un paseo triunfal de Bono y compañía. Casi 60 conciertos en medio centenar de ciudades hasta el momento, todas las entradas vendidas en cada una de sus fechas y una recaudación de más de 300 millones de dólares. Con este aval apoteósico, innecesario a estas alturas en cualquier caso, llega U2 a la Cartuja. Y la respuesta aquí no ha variado un ápice a la obtenida por la formación irlandesa en las anteriores citas con sus aficionados de medio mundo. De hecho, ante la insistente demanda, los organizadores del concierto, las promotoras Live Nation España y Doctor Music, sacaron a principios de este mes una nueva remesa de 3.000 entradas de pista, todas a un precio de 55 euros.

Aunque sí que ha habido algún contratiempo, finalmente sin mucha trascendencia para la celebración del concierto del jueves. El primero llegó a finales de mayo en forma de compresión severa del nervio ciático del cantante. El músico, con una pierna paralizada, tuvo que someterse a una operación de urgencia en Múnich y el correspondiente periodo de recuperación obligó al grupo a aplazar hasta 2011 un tramo completo de la gira por Estados Unidos y Canadá, 16 actuaciones entre los meses de junio y julio.

La de Sevilla nunca corrió peligro por este motivo, pero sí se encendieron las alarmas cuando se convocó la huelga general para el mismo día. A finales de agosto, las promotoras admitieron que la inoportuna coincidencia podría afectar a los servicios de seguridad, transporte público y limpieza, así como a las hipotéticas atenciones médicas y hospitalarias, por lo que trasladaron un día la fecha del miércoles al jueves.

Como sucede siempre en este tipo de conciertos, es como mínimo improbable que alguien haya comprado su entrada (carísima) para poder escuchar en directo las últimas canciones del grupo. Y no es que No line on the horizon sea su peor disco. Incluso hay quien sostiene que es el mejor desde aquel gaseoso Pop de 1997. En rigor, lo que sucede con él es que es francamente difícil no asumirlo como uno más de esa colección de medianías, extrañas probaturas, tics grandilocuentes para convencidos de antemano y supuestos regresos al sonido, a la garra y a la inmediatez de sus orígenes que la banda lleva entregando con tanta soltura como inercia desde... principios de los años 90.

Podría escribirse un Diccionario de Lugares Comunes Sobre U2. Sobre cuáles son sus etapas buenas de verdad, sobre el mesianismo de Bono, que una tarde se reúne con Sarkozy, otra con Medvedev y a la siguiente te dirige por un día un periódico británico, sobre la épica emocional convertida en fórmula roma... En fin, hace mucho que el propio grupo, convertido en celebridad per se y aplastado por la imagen de su líder, ofrece material de primera para las parodias, incluso para una cierta antipatía que tantas veces ha hecho del cantante-ideólogo un muñequito del pimpampún. Lo que por otro lado revela hasta qué nivel tan hondo forman parte de la memoria sentimental de millones de personas y de la tradición rock desde hace 30 años.

Evidentemente, U2 va más allá de unos pocos chistes sobre el Nobel de la Paz. Basta con volver a escuchar sus obras tempranas, Boy, October y War; la trilogía grandiosa oficial que inauguró la última y continuó con The unforgettable fire y The Joshua Tree, discos con vocación de manifiesto donde los oscuros rescoldos de rabioso y urgente post-punk cedieron ante un sonido más atmosférico y maduro; o la fabulosa reinvención que supuso Achtung Baby, el álbum en el que la banda asimiló mejor sus ansias de modernidad sin dejar de bombear emoción y posiblemente su trabajo definitivo.

Aunque tocarán temas de toda su carrera, sólo con un repertorio sacado de estos seis álbumes, el grupo tendría un abanico de himnos difícil de igualar. Según los tracklists de sus actuaciones recientes, en la Cartuja no dejarán de sonar I will follow, Until the end of the world, Sunday bloody sunday, Pride (in the name of love), One, Mysterious ways o With or without you, aparte de algunas de las versiones-sorpresa que vienen alternando, del Let's dance de Bowie al London Calling de los Clash pasando por el Movin' on up de Curtis Mayfield. Y es más bien esto, cosas de la música, lo que buscarán las miles de personas que se congregarán en el estadio: que un pasado glorioso pueda volver a suceder durante unas horas.

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