Sandra y Conchi... ¡con torería!

  • Alentador triunfo de unas novilleras que frente a novillos con cuajo y seriedad no se amilanaron en el reto, demostrando unos mimbres que fundamentan esperanza de futuro para sus carreras artísticas

Alentador balance torero y ganadero el que propició la primera de las dos tardes anunciadas en Trigueros al calor de la solidaridad con tres causas benéficas de la localidad. Sin faltar el ambiente en el tendido lo cierto es que si faltó algo más de público aunque es lógico pensar que tal y como está la cosa monetaria, las cuentas salen solo con un festejo en la mayoría de los casos.

Quizás alguien, ademas, desdeñara la cosa porque en lo taurino un mano a mano con dos novilleras les sonase a poco. Pero se equivocó quien pensara asi porque lo de Sandra y Conchi, ayer tuvo enjundia suficiente como para valorarlas en el mérito torero de un tarde donde éstas dos jóvenes marcaron son sello de valor y decisión la papeleta que se supone con novillos cómodos de cara pero con el volumen que aprieta nudos a más de un caballero andante de la torería.

Todo ello en un formato de toreo que anduvo derramando ratos brillantes y templanza frente a un conjunto ganadero donde únicamente desentona el juego de un áspero y descastado animal de SantaTeresa, un eral con volumen de utrero con el que Conchi Ríos no se amilanó y aun faltando cositas para armar faena rotunda lo cierto es que deja un sabor agradable la decisión y empaque con la que la murciana enjaretó el recibo capotero antes de que nadie le tocara el toro.

El orden debe mandar, y está crónica debe hacer su primera parada en la templanza y colocación con la que la jerezana Sandra Moscoso apretó lances en un recibo capotero de primor al Cuadri que abrió plaza. Novillo cuajado en el volumen y la seriedad de los toros de la divisa triguereña con el que Sandra arrimó arte y oficio para aprovechar la excelente condición de nobleza que acompañó por los dos pitones al de Comeuñas. Tenía además empuje bueno el de la morada, amarilla y blanca enseña ganadera y la torera mostró en series reunidas y ligadas la bonancible condición del astado y por añadidura, del toreo que es capaz de ofrecer frente a enemigos potentes.

Un dechado de bravura fue el tercero. Novillo de Lagunajanda que repitió constantemente una embestida encastada y noble. Condición que la de Jerez aprovechó en una labor muy sensata y profesional que hizo aflorar a una torera con mucho sitio, y bueno, en la plaza frente al toro. Incruenta la voltereta pero sin duda dolorosa , que le propinó de un lado el propio descuido y por otro la encastada condición del animal.

Noble y con buen son, el eral de Manuel Angel Millares dejó disfrutar a Conchi Ríos. Faena que fue evolucionando de menos a más, dejando paso el toreo estilista de la primera parte a una sensación más profunda y valiosa del muletazo enjaretado con colocación y culminado con profundidad. Sentido del temple sin renunciar a una estética que deja un agradable sabor a torería en manos de una joven que provocó sensaciones agradables con su primero y que no se amilanó ante las dificultades propias del cuajado novillo que cerró la primera parte del festejo.

La segunda, protagonizada por el grupo de recortadores Arte Goyesco ofreció pocas sensaciones positivas, ayudado por la nula colaboración del ganado que les cayó en suerte y poco valor debe tener en el sentimiento de una crónica que debe cerrarse sobre todo con el reconocimiento y la esperanza que dos mujeres toreras dejaron sembradas, junto a su gesto solidario, en la primera de las dos tardes de toros triguereñas.

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