SOFiA COPPOLAUna autora con el sello de la distinción

  • Se estrena 'La seducción', un 'thriller' ambientado en la Guerra de Secesión con el que la norteamericana ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes

Sofia Coppola había empezado los 90 en las peores condiciones posibles, como objeto de las burlas despiadadas de los críticos que no le perdonaban su actuación como Mary Corleone en El padrino III, donde su padre la había elegido tras la súbita renuncia de Winona Ryder al papel, pero unos años más tarde, al final de esa década, enmudecía a los escépticos con su debut -como directora- en el largometraje, Las vírgenes suicidas (1999). Coppola conseguía una elegante adaptación de la novela de Jeffrey Eugenides, un texto que por su calidad no era precisamente fácil de llevar a la pantalla, y mostraba, además, una marcada personalidad que la desvinculaba de los registros por los que se movía su aclamado progenitor. Evocadora y sutil, la dramática historia de las hermanas Lisbon inauguraba la filmografía de una realizadora única cuyo trabajo ha sido tan admirado como discutido. Una carrera que ahora suma un nuevo título, La seducción, que ayer llegó a los cines españoles y por la que Coppola ha sido la segunda mujer en la Historia -nada menos que en 70 ediciones del certamen: el dato aterra- que ha conquistado el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. Este drama sureño en el que, durante la Guerra de Secesión, llega un soldado enemigo herido (Colin Farrell) a un internado femenino que lidera una rígida institutriz (Nicole Kidman) es una oportunidad para repasar, a través de los diferentes títulos que ha encadenado Coppola, algunas claves de la obra de esta cineasta.

Gente perdida.En la conmovedora Lost In Translation (2003), se encontraban en un hotel de Tokio una estrella de cine desencantada (Bill Murray en uno de sus papeles más recordados) y una joven (Scarlett Johansson) que contemplaba su futuro con incertidumbre y miedo, dos solitarios a los que separaba la diferencia de edad pero unía el mismo desconcierto ante la vida. El desarraigo de los protagonistas de aquella película ha tenido eco en los siguientes largometrajes de Coppola: esa adolescente de María Antonieta (2006) que se adentraba en el nido de víboras de la corte; el actor de Hollywood (Stephen Dorff, Somewhere, 2010) que halla una tregua a su vacío con la llegada de una hija con la que no tenía contacto (Elle Fanning) o el grupo de delincuentes juveniles obesionados por la fama en The Bling Ring (2013) viven esa suerte de deriva que llamamos existencia desde el aislamiento y la búsqueda. En La seducción, la irrupción del soldado trastoca la rutina de ese colegio para señoritas y pone de manifiesto las insatisfacciones y carencias de sus inquilinas.

Un sello propio.Una película de Sofia Coppola es siempre una experiencia sensorial. En la impecable factura que imprime a sus creaciones, la directora, que estudió arte de joven, ha sabido volcar referencias que encontraba en el camino. En La seducción, Coppola y el director de fotografía Philippe Le Sourd reconocen como influencias la inquietante Picnic en Hanging Rock, la adaptaciónde Peter Weir de la novela de Joan Lindsay, la pintura de John Singer Sargent, los retratos femeninos de William Eggleston e incluso Misery de Stephen King / Rob Reiner. Le Sourd y la realizadora, que ya habían colaborado en varios anuncios, decidieron rodar en celuloide con lentes vintage. "Queríamos que la película tuviera un look suave y traslúcido, pero también absolutamente impregnado de sol en un entorno cálido y con mucho humo. Los personajes se sienten sofocados, también por la represión sexual", explica la directora.

Buena música.Uno de los hallazgos que contribuía a la belleza de Las vírgenes suicidas radicaba en la elección de su banda sonora, una delicia firmada por el dúo francés Air. Desde entonces, las canciones han tenido una fuerte presencia en la filmografía de Coppola. ¿Quién no recuerda a Murray interpretando en un karaoke el More than This de Roxy Music? ¿O a Kirsten Dunst desenvolviéndose como reina de Francia al ritmo de Vivaldi y Rameau pero también de los Strokes o de The Cure? En La seducción, la banda sonora de Phoenix -cuyo líder, Thomas Mars, es el marido de Coppola- no acapara, según parece, demasiado protagonismo. "Las vidas de los personajes están tan desprovistas de accesorios y lujos que no tendría sentido adornarlo con una gran banda sonora. Quería mantener ese aspecto al mínimo", afirma la realizadora.

Sólidos repartos.Ya sea eligiendo a clásicos contemporáneos (Murray), recuperando a actores en declive (Stephen Dorff) o apostando por jóvenes desconocidos (el elenco de The Bling Ring, exceptuando a Emma Watson), Coppola ha mostrado en estos años mano con los intérpretes. Scarlett Johansson, por ejemplo, nunca estuvo mejor que en Lost in Translation.En La seducción, la cineastase reencuentra con otras dos actrices habituales de su carrera: Kirsten Dunst, protagonista de Las vírgenes suicidas y María Antonieta y con un cameo en The Bling Ring, y Elle Fanning, apenas una niña de 11 años cuando hizo Somewhere y hoy ya mayor de edad. Coppola ha disfrutado otorgándoles papeles en las antípodas de sus caracteres. "Quería que Kirsten interpretase a Edwina, la profesora vulnerable, precisamente porque ella no es así para nada. Edwina es una mujer reprimida y frágil, todo lo contrario a Kirsten", sostiene Coppola. "Y lo mismo pasa con Elle Fanning, que es superdulce y generosa; por eso, quería que hiciese de chica mala, una mujer vanidosa y egocéntrica. Pensé que sería una experiencia divertida. Me gusta ver a las actrices interpretando algo totalmente contrario a lo que esperas de ellas", revela. El protagonismo de la cinta, además, recae en Colin Farrel y Nicole Kidman, que se incorporan así al universo de Coppola después de que los dos actores coincidieran también en el rodaje de The Killing of a Sacred Deer de Yorgos Lanthimos. Coppola no escatima elogios hacia Kidman, galardonada con el premio especial del 70 aniversario de Cannes, donde presentó esos dos trabajos. "Me encanta la forma de interpretar de Nicole, especialmente cuando es un papel un poco retorcido, como en Todo por un sueño. Sabía que le aportaría mucho a Miss Martha, humor y emoción. No quería que interpretara el cliché de la directora temible".

Amada y discutida. Se podría decir que la de Sofia Coppola es una de las voces más respetadas del cine americano actual: cuenta con el Globo de Oro y el Oscar al mejor guión o el premio de la crítica de Nueva York a la mejor dirección por Lost in Translation, el León de Oro en Venecia (Somewhere) o ahora el galardón en Cannes. Pero la realizadora ha conocido también el rechazo: su María Antonieta fue abucheada en el festival galo. Y hay quienes le reprochan que su trabajada estética y sus atmósferas envolventes acaben lindando con lo frívolo y, quizás, hasta apartando a la autora de sus intenciones. ¿Qué pensaba realmente Coppola de su heroína en María Antonieta, más allá de que usaba unas anacrónicas Converse All Star? ¿No le faltaba a The Bling Ring algo de mordacidad si quería denunciar lo estúpido de una cultura que adora a las celebrities?

¿ o adaptación? La seducción, con sus elementos de thriller psicológico,promete un clímax más intenso y malicioso que en otras cintas de su autora, aunque no nos engañemos, en su cine, bajo una capa de contención, subyacen las emociones más intensas. Otro giro es que este sea el primer remake de Coppola (de El seductor, que Don Siegel rodó en 1971 con Clint Eastwood y Geraldine Page), aunque la directora insiste en que en realidad adapta la novela de Thomas Cullinan. "Tras ver la película", cuenta, "me picó la curiosidad y me hice con el libro que la había inspirado. Fue entonces cuando pensé: ¿y si contase la historia desde un punto de vista femenino? Por eso, La seducción es una reinterpretación. La premisa da de sí porque la dinámica de poder entre hombres y mujeres es algo universal".

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