Rufianes elegantes

Con toda su trágica realidad delictiva y culpable, no cabe duda que la figura de Frank Lucas, en su múltiple personalidad magnánima y violenta, desconfiada e inteligente, afable y agresiva, arrogante y contradictoria, es todo un arquetipo en la mafia de la droga del Nueva York de los años 70, que en la película de Ridley Scott, 'American gangster', un título taquillero en las carteleras internacionales y un favorito candidato a los máximos premios del cine mundial, se ve favorecido por el magnetismo interpretativo de Denzel Washington, a quien hay que poner al lado a un Russell Crowe, encarnando dignamente el papel de la fuerza policial implacable e incorruptible.

Estas figuras y toda su envoltura humana, sensible y fascinante en su estructura cinematográfica, tienen un fondo de sugerente protagonismo: Manhattan y los restaurantes lujosos, los apartamentos confortables, las mansiones de New Jersey al otro lado del Hudson. La ciudad forma un entorno imprescindible que la cámara de Harris Savides, bajo la experta dirección de Ridley Scott, adquiere nivel protagonista. Y con ello todo ese Harlem o el Bronx, o Brooklyn o Queens, de aquellos años de enervante situación política y militar, de la industria de la droga y el negocio del sexo, un ámbito sórdido y mezquino en el que surgen también los rufianes elegantes como este Frank Lucas, "boss" del tráfico de estupefacientes más poderoso de su tiempo.

En una trama bien manejada no falta esa visión apocalíptica de los heroinómanos, de los enganchados al caballo, de los camellos, las jeringas letales, la miseria de la servidumbre del narcótico, la podredumbre violenta de un tráfico mortal. De esa perspectiva depravada y mugrienta hay imágenes abundantes en esta biografía de un "capo" de la mafia con todo el sabor de una época que no parece definitivamente finiquitada.

Otras zozobras y desasosiegos nos han traído los nuevos tiempos junto a los que Ridley Scott retrata en esta bien estructurada sucesión de imágenes donde dos acciones paralelas describen dos mundos en confrontación: el de la delincuencia más vil y el crimen organizado y la de una trayectoria policial, crispada de corruptos de toda catadura, pero inexorable, firme y sin desaliento.

En esta encrucijada se aprecia un soberbio guión de Steve Zailliam. ¿Cómo no recordar sus 'Juego de patriotas' (1992), 'Gans of New York' (2003) o 'Todos los hombres del rey' (2006)? Pero nada sería posible sin la mano maestra del realizador de 'Los duelistas' (1977), 'Blade Runner' (1989) o el tan injustamente olvidado 'Black Hawk derribado' (2002), entre tantas admirables películas. Todo ello da lugar a una narrativa vigorosa, con una potencia visual estimulante y sugestiva, la fascinación de la incertidumbre, las inflexiones de un relato inquietante y demasiado barroco a veces.

Sobre el, tal vez, demasiado idealizado protagonista, destaca la contención y sobriedad de Denzel Washington, un Russel Crowe sobrio y más natural que otras veces y un buen plantel de secundarios donde todos cumplen con eficacia su cometido. En el fondo un film muy clásico que si no es de lo más floreciente del género, sí puede inscribirse en una nueva concepción del llamado cine negro o cine de gangsters o como quiera usted llamarlo. El caso es que merezca la pena y le deje satisfecho.

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