Rocío Márquez vuelve a casa

  • La gran cantaora onubense dejó en la noche del jueves seis perlas sobre el escenario del Gran Teatro Arturo Pareja-Obregón cerró con magia la gala

Y menos mal que, al menos una vez al año y gracias a su acción solidaria con la Asociación Guaraní de apoyo a causas educativas en Paraguay, podemos disfrutar de la enorme estrella de Rocío Márquez en Huelva. Visto lo visto, nos queda claro que las administraciones de Huelva no saben cuidar a algunos de nuestros artistas más grandes. Y ni siquiera dar a sus paisanos la oportunidad de disfrutar de sus actuaciones.

Del mismo modo, es triste que algunos en nuestra tierra sólo la conozcan porque puso voz al Himno del 125 Aniversario del Recre, ese himno que algunos siguen empeñados en ponerle etiquetas equivocadas. Aún así, hemos tenido suerte de que la inmensa mayoría de los onubenses y recreativistas lo aceptaran como suyo, algo que nos honra y nos enorgullece.

Afortunadamente, Rocío se encamina con paso firme en las estelas que van dejando las grandes figuras de la música, aún sin el reconocimiento mediocre de algunos políticos sin visión alguna. La realidad es que a ella no le hace falta, ni tiene la necesidad de hacerse fotos con nadie para ser increíblemente superlativa. Es más, creo que este sentimiento de poco reconocimiento que a veces tenemos los que amamos el Arte en Huelva es nuestro, y no de los artistas, ya que ellos tienen en que ocupar mejor su tiempo y dedicación antes que chocar una y otra vez con la misma piedra.

Rocío Márquez nos dejó en la noche del jueves media hora de recital en el Gran Teatro de Huelva que nos supo a gloria. Tan solo seis perlas, tan solo una pequeña pincelada de su quehacer, pero lo suficiente para dejarnos mínimamente satisfechos ante un próximo y anhelado reencuentro. Acababa de llegar de su segunda patria, Francia, donde ofreció una muestra de recitales con un éxito descomunal de crítica y público.

Escucharla no es tan solo estimulante. Nos conduce a estados placenteros emocionales y altamente sensoriales. Es algo más, mucho más. Escuchar a Rocío es que te atraviese la pureza del alma, es sentir cómo el tiempo se detiene y no sucede nada más, es volver sin remedio a los deseos de que la voz humana se convierta en la propia belleza de la vida. Esa belleza que buscamos ansiadamente desde pequeños, que nos lleva a tropezar una y mil veces en lo mismo, asegurándonos de que, detrás de todo, está ella, su voz, su magia.

Los cantes de ida y vuelta siempre nos han parecido más dulces, más trágicos, más llenos de supervivencia. Y Rocío los borda. Aunque cantó palos más convencionales, llenos de técnica esplendorosa y con un dominio que ya traspasa el simple convencionalismo y el conocimiento, la interpretación de la Vidalita nos llegó al mismo alma.

Pero, como siempre he pensado, lo de esta chica es de otro planeta. Quizás el flamenco puede ser de los géneros musicales que más te aportan a la hora de poder expresarte, te presta generosos recursos para decir y hacer sentir a los demás todo lo que queremos. Pero a veces tengo la sensación de que Rocío Márquez puede ir más allá, llevar el flamenco a cotas musicalmente inimaginables o bien buscar lenguajes nuevos en los que pueda desarrollar aun más todo su talento y percepción.

A la guitarra, Miguel Cortés nos dio una lección de maestría en el acompañamiento. Aunque su dominio técnico está fuera de toda duda, la capacidad de reconducir los matices de la voz con armonías certeras y supeditadas a los giros melódicos fue quizás lo que más nos agradó. Rocío necesita un guitarrista de su altura, que vaya de la mano y en la que la conexión vaya más allá de la música. Y sabemos que Cortés es de sus predilectos, algo muy lógico y razonable. Su aportación engrandece aun más si es posible sus recitales.

Rocío Márquez sigue agrandando su leyenda, algo a lo que poco a poco nos vamos apuntando los onubenses. Pero insisto en que el tratamiento debería ser mucho más funcional y eficaz. Estaría bien que nos fuéramos quitando la venda del conmigo o contra mí para hacer justicia a la realidad. Como decía el gran genio de Bonn, "dirigentes habrá muchos, pero Beethoven, solo uno". Por lo tanto, dejen de mirarse el ombligo y sean imparciales. Déjennos disfrutar del esplendor de una estrella, de nuestra estrella. Y hagan que sus programaciones culturales sean ecuánimes y heterogéneas.

La noche brilló también con la voz, el piano, la interpretación y el arte en todos los sentidos de otro grande, Arturo Pareja-Obregón. Pocos como él son capaces de transmitir tanto con tanta frescura, con esa mezcla ecléctica de flamenco, blues y compases latinos salidos de la caja negra de cola y de una garganta tan singular, firme, serena, veterana. La interpretación a dúo del tango Volver puso el cierre a la gala para que la magia no se desvaneciera.

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