Regreso al terror

Multicines La Dehesa Islantilla, CineBox Aqualon Puerto Huelva y Al Andalus Punta Umbría.- T.O.: "Drag me to hell".- Producción: Estados Unidos, 2009.- Duración: 99 minutos.- Dirección: Sam Raimi.- Guión: Sam Raimi e Iván Raimi.- Fotografía: Peter Deming.- Música: Christopher Young.- Montaje: Bon Murawski.- Intérpretes: Alison Lohman, Justin Long, Lorna Raver, David Paymer, Adriana Barraza, Dileep Rao, Bojan Novakovic.

Al director de esta película es fácil identificarlo con Spiderman (2002), de hecho está ya en los preparativos de la cuarta entrega del protagonista de este famoso cómic. Pero es también un realizador familiarizado con los films de terror, que entraña con sus propias raíces cinematográficas, género al que ha regresado con Arrástrame al infierno, la historia trágica de una mujer, Christine Brown, ambiciosa apoderada de una sucursal bancaria de Los Ángeles, a la que un día una extraña mujer, la señora Ganush, solicita el retraso de las mensualidades de su hipoteca. Christine, más inclinada a hacer méritos para su ascenso a la subdirección que por atender las necesidades de la anciana, niega su petición que supondrá para la solicitante la pérdida de su hogar. La señora Ganush, indignada, lanza una maldición que hará de la vida de la diligente funcionaria del banco un auténtico infierno.

Sirviéndose de una evidencia actual -la crisis económica y la penuria que sufren los créditos hipotecarios en particular-, Sam Reimi nos presenta un panorama ciertamente inquietante. Situándonos un estilo que pudiera propender al gore y las resbaladizas actitudes de la ambición desmedida, este duelo siniestro acabará seduciendo a los amantes del terror a cualquier precio y bajo cualquier ropaje. Puede que estemos ante el estilo más atrabiliario o trash, como lo califican los críticos norteamericanos, pero estamos ante la muestra clara del terror puro y duro con todas sus consecuencias, aunque con personalidad muy definida: la que le imprime el talante de su propio director. Y lo que no puede discutirse es su capacidad para crear la máxima tensión en el espectador. Que lo haga a veces de una forma marrullera, eso forma parte también de su estilo.

Es cierto que estamos muy lejos de aquel debut muy estimable que supuso para Sam Reimi Posesión infernal (1981), que se convirtió en un clásico muy admirado, pero el realizador no parece haber perdido su habilidad funcional para manejar el género y disponer de recursos sarcásticos y en ocasiones agridulces o directamente jocosos, que ponen a flote la mala intención y el propósito corrosivo del realizador. En el fondo es la historia de una venganza que tantas veces ha jugado valiosos elementos argumentales en el cine. En esta ocasión recurriendo a instrumentos claramente fantásticos relacionados con ciertos conjuros y cultos propios de culturas extraídas de los más extraños mitos y supersticiones.

En este sentido al componente terrorífico de la situación se unen todo tipo de componentos terroríficos, la presencia continua de efectos especiales, singularmente sonoros e inquietantes - que van de las visiones de sombras a las efusiones sanguinolentas y las amputaciones-, constituyendo toda una concesión a ese terror fácil que Hollywood ha cultivado con el tiempo y que traiciona la calidad de los viejos logros de este realizador. Todo lo cual hace Arrástrame al infierno más proclive a ese espectáculo terrorífico que en los últimos tiempos hemos hallado en la mayoría de películas de este género que nos han llegado de la Meca del Cine. Es decir un producto más previsible y menos convincente.

Con todo Sam Raimi se ha mantenido bastante fiel a esa visión personal que tiene del terror como variante del drama. No elude por ello su inclinación a la transgresión y a lo políticamente incorrecto, que nos congratula vivamente. No ha contado en este caso con unos actores eficientes. Tan sólo Alison Lohman parece lo más correcto. No así Justin Long, que, como el resto del reparto, hacen muy inverosímiles sus personajes. La banda sonora es de una distorsión espantosa, tratando de que sus estridencias nos asusten más que los propios sobresaltos que depara la película. Insufrible.

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