Regreso a las tablas hispalenses a los 5 años del atropello mortal

  • Condenado a 3 años, el bailaor disfruta al año y medio de su ingreso en prisión de una libertad controlada: desde julio duerme en casa gracias a una pulsera electrónica

José Manuel Fernández Montoya, Farruquito, volverá a actuar en su ciudad, Sevilla, el próximo septiembre tras un paréntesis de cinco años. Lo hará el mismo mes en que atropelló mortalmente a Benjamín Olalla un 30 de septiembre de 2003, una fecha que supuso un punto de inflexión tanto en su vida personal como en su carrera profesional, sobre todo tras conocerse todos los pormenores de una investigación policial que sacó a la luz la retahíla de mentiras y acusaciones falsas -entre ellas a su propio hermano menor- pergeñadas por el entorno más próximo al bailaor para eludir la carga de un muerto a sus espaldas.

Eso fue hace cinco años, en 2003. Ahora, Farruquito volverá a pisar las tablas hispalenses en colaboración con la Bienal de Sevilla tras haber retomado su carrera en la primavera del pasado año, cuando la Dirección General de Instituciones Penitenciarias le concedió el segundo grado, lo que le permitió cerrar algunas actuaciones coincidiendo con los permisos penitenciarios que comenzó a disfrutar a partir de otoño de 2007.

Desde entonces, todos los intentos del artista y de su madre, la Farruca, de tender puentes -algunos de ellos mediáticos, para qué negarlo- hacia la viuda de Olalla han topado con el muro hierático de María Ángeles Madero, una mujer que ha hecho de esta batalla judicial la guía para defender la memoria de su esposo.

Razones, arguye ella, no le faltan. Farruquito conducía un BMW sin carné y a gran velocidad cuando atropelló a Olalla en un paso de peatones junto al Pabellón Polideportivo de San Pablo, tras lo que huyó del lugar del suceso sin siquiera haber socorrido a la víctima. El plan para ocultar el caso incluyó el traslado del automóvil a Málaga para reparar los daños, mientras que las indagaciones policiales derivaron en la detención del hermano menor de Farruquito, de 15 años, como presunto autor del atropello, una culpa que inicialmente asumió para cubrir al patriarca del clan, su hermano, en su condición de garante de los ingresos económicos y sostén laboral de toda la familia.

La detención, boda y posterior juicio del bailaor ocupó el prime time de informativos y programas de corazón desde entonces. En septiembre de 2006, la sección séptima de la Audiencia de Sevilla elevó a 3 años de cárcel la condena de 16 meses impuesta por el juzgado de lo Penal. El fallo le impuso la pena de dos años de cárcel por homicidio imprudente en concurso con un delito contra la seguridad del tráfico, así como a la privación del permiso de conducir vehículos durante tres años. Como indemnización se estableció 102.483 euros para la viuda y 8.275 euros para los padres del fallecido. La sentencia también le condenó a un año de prisión por omisión del socorro, más multa de 12 meses con una cuota diaria de 100 euros y otra más por simulación de delito.

El 16 de enero de 2007, el artista acudió de forma voluntaria a la prisión de Sevilla II, donde comenzó a cumplir condena. Desde entonces, se adaptó a su nueva vida en la cárcel dedicando buena parte del día a realizar ejercicios de baile y a su preparación física. También recibió clases de informática. Su buena conducta y la ausencia de notas desfavorables derivaron en la autorización de hasta seis permisos penitenciarios, la concesión del tercer grado y, desde julio pasado, su inclusión en un plan pionero de control de reos en sus casas mediante pulseras electrónicas, lo que le evita tener que acudir a dormir a la cárcel. Farruquito ingresó en prisión en enero de 2007 con una pena de tres años. Año y medio después está prácticamente en libertad, grado que podría ser oficial a principios de 2009.

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