Regreso por la puerta de atrás

  • Con 'Youth without youth' aún inédita en España, este viernes se estrena 'Tetro', la última película 'independiente' y transnacional de un 'renacido' Francis Ford Coppola

Son ya varias las ocasiones en las que Francis Ford Coppola (Detroit, 1939) ha jugado a reinventarse a sí mismo desde que, a comienzos de los años setenta, asestara uno de los grandes golpes maestros en la industria del cine norteamericano dirigiendo la primera entrega de El padrino.

Amigo y colaborador de los reyes midas del New Hollywood, George Lucas, Steven Spielberg o Martin Scorsese, Coppola siempre ha sabido preservar su espacio de genio independiente e indomable, su imagen de artista visionario e incomprendido (una suerte de nuevo Orson Welles), capaz de hacer "una para él y otra para ellos", valedor de las nuevas tecnologías "al servicio del arte", conocedor del perverso juego de la taquilla y consciente siempre de la necesidad de mantener la aureola del prestigio que se fragua en los grandes festivales y en las revistas europeas.

Tras el descalabro financiero y creativo de sus estudios Zoetrope tras el fracaso de la espléndida Corazonada, Coppola aceptó una penitencia para pagar sus deudas que lo tuvo casi dos décadas realizando trabajos de encargo en los que también jugó a refugiarse en la discreción y la artesanía de los géneros sin renunciar a hablar de sí mismo a través de argumentos de prestado. Así hay que entender, por ejemplo, dos filmes menores como Tucker o Jack, el primero sobre los sueños truncados de un genio en el que no es difícil adivinar el autorretrato, y el segundo una fábula infantil sobre la que planeaba el recuerdo doloroso de la muerte de su hijo.

Como tantos otros cineastas de su generación (de Brian De Palma a David Lynch), Coppola ha encontrado fuera de Estados Unidos el refugio, el respeto y, sobre todo, el dinero, para poder seguir haciendo (su) cine en tiempos de blockbusters e infantilismo comercial. La barroca y desequilibrada Youth without youth, su particular relectura de los textos de Mircea Eliade en clave culturalista y ensayística, se co-financió con fondos europeos y se rodó en paisajes rumanos. La cinta plantea una reflexión filosófica sobre la identidad, el paso del tiempo y el amor romántico en la que muchos han querido ver prolongadas y transfiguradas obsesiones del autor de Drácula o Peggy Sue se casó.

Inédita en España a pesar de estar comprada para su distribución desde hace dos años, lo que nos da una idea del escaso valor de cambio que Coppola tiene hoy en nuestro mercado, Youth without Youth da paso a Tetro, un nuevo filme de pequeñas dimensiones y grandes ambiciones, en cuya producción han participado Estados Unidos, Italia, España (a través de Tornasol Filmes) y Argentina. Con un guión del propio Coppola (el tercero que firma en toda su carrera) en el que resuenan ecos autobiográficos en clave freudiana, rodada entre Buenos Aires y la Patagonia en un blanco y negro que nos remite a La ley de la calle (también lo hará su historia de relaciones fraternales con la familia como epicentro), y con un reparto internacional en el que intervienen Vincent Gallo, Klaus Maria Brandauer, Carmen Maura y Maribel Verdú, la película fue presentada oficialmente en la Quincena de los Realizadores del pasado Festival de Cannes. En la abarrotada sala del Hotel Noga Hilton, un Coppola campechano y humilde pregonó ante la prensa sus renacidas libertad e independencia creativa gracias a un producto de bajo presupuesto en el que el director de Apocalipse Now y La conversación aspira a combinar varios registros sobre las bases de la tragedia griega y su ya conocida puesta en escena de raigambre operística.

Las crónicas, no demasiado entusiastas, parecen confirmar que lo pequeño y Coppola no son del todo compatibles y que las ambiciones estéticas de Tetro chocan con el posibilismo y la modestia de su producción. Desde Argentina, cuya cultura desfila por el filme en indisimulada apropiación de tópicos, se han oído también voces críticas que denuncian "el pintoresquismo casi de tarjeta postal con que Coppola registra los conventillos de la Boca, el café Tortoni o las coreografías de tango". Este viernes podremos despejar nuestras dudas.

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