Recuerdo de Ken Russell

Hace una semana exactamente fallecía a los 84 años, en el Reino Unido, según comunicaba su hijo, mientras dormía, el que fuera un director cinematográfico un tanto renovador y sobre todo provocador, Ken Russell, quien con un ánimo muy rompedor revolucionó de alguna manera la cinematografía británica de su tiempo. No creo que sea de los realizadores más conocidos dentro del cine inglés, pero entre los asiduos del cine de los setenta y los ochenta en los que se produjeron sus películas más sobresalientes y llamativas, sus estrenos eran esperados con gran expectación, atentos siempre a cualquier transgresión o extravagancia, que eran las esenciales características de su peculiar personalidad.

Henry Kenneth Alfred Russell, conocido en el mundo artístico y especialmente en el cinematográfico como Ken Russell, nació en Hampshire, Inglaterra, donde murió el 27 de noviembre pasado, el 3 de julio de 1927. Iniciado en el ámbito de la televisión y la fotografía, en la que destacó brillantemente, sus primeras realizaciones sobre famosos compositores fueron inicialmente polémicas y conflictivas, además de pretenciosas y discutibles. Fueron los casos de Elgar (1962), Debussy Film (1965) y Danza de los siete velos (1970), una especie de cómic compuesto por siete capítulos sobre la vida de Richard Strauss, que provocó un escándalo tal que se plantearon preguntas en el Parlamento del Reino Unido, además de suscitar un conflicto con la familia del compositor alemán que todavía continua hasta el punto de que en 2005 impidió que el film fuera proyectado en un festival sobre el cine de Russell en Holanda.

Éste sería el signo de su vida cinematográfica. Su película más famosa sigue siendo Mujeres enamoradas (1969), basada en la novela de D. H. Lawrence, por la que fue nominado para el Oscar y por la que conseguiría el galardón a la Mejor Actriz una de sus protagonistas, Glenda Jackson, rompiendo, además, el tabú de los desnudos frontales masculinos que prodigó en su filmografía.

Pero hay otras realizaciones importantes y destacadas que si bien podrían causar estupor y tal vez enfado, provocaban una cierta fascinación por la belleza u osadía de sus discutibles puestas en escena. Y así The music lovers (1970), Los demonios (1971), El Mesías salvaje (1974), Mahler -otra polémica biografía sobre el famoso compositor checo-, Tommy (1975), films que en España pudimos ver una vez asentada la Transición política en un régimen de mayor libertad y supresión de la censura.

Era esta una época de apertura que permitió la visión en las salas españolas de muchas de esas películas que los diligentes censores de la dictadura habían impedido ver a los espectadores de nuestro país. Ken Russell se había convertido en uno de esos directores más apetecidos por el público ávido de un cine sin cortapisas ni mutilaciones. Y así triunfaron, aunque la crítica no fuera siempre favorable, estas películas del discutido realizador británico. Además de las indicadas títulos vimos otros que seguían alimentando la polémica como Lisztomanía (1977), Valentino (1977) -biografía del celebérrimo actor encarnado por el bailarín ruso Rudolph Nureyev, que no dudó en mostrar su cuerpo desnudo-, La pasión de China Blue (1984), Gothic (1986), Salome´s last dance (1988), The Rainbow (1989). Sus películas posteriores hasta 2008, que dirigió la última, Invassion of the quite dead, no hicieron más que saturar un estilo demasiado desgastado y su estrella fue apagándose como su propia vida hace sólo unos días.

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