Raquel, el negociete de la desgracia propia

Dio un brinco a las portadas por ser la prometida del ex de Rocío Jurado y madrastra de Rocío Carrasco, reinas indiscutibles del charol de hace quince años, cuando el corazoneo de la tele no era más que un experimento con gaseosa, tomado de las revistas. El boxeador de Alosno encontró refugio en la joven y regordeta peluquera surgida de un rincón que siempre tenía una sonrisa en la boca y nunca una mala cara para los fotógrafos. Si había dinero de por medio, clin, clin, mucho mejor. Ella surgió en la última hornada de un famoseo inocente, al que pagaban aceptablemente los holas de turno.

La vida cambió con la inesperada muerte de Pedro Carrasco y Raquel, viuda desorientada, comprobó que todo lo que decía, fuera poco importante o menos aún, se acompañaba de un cheque. Eso se lo olió también su segunda pareja, el nigeriano Tony Anikpe, que se llevaba la recaudación a sus lares de imperiecito. Raquel sabe que con cada recaída, como la última, siempre habrá algún canal dispuesto a manosearle las desgracias.

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