Policías corruptos

Estamos ante una película para nada original. Simplificando diríamos que es lo de siempre. La corrupción policial como lugar común de un género que en los últimos tiempos afronta una vez sí y otra también este problema. Si, además, el director de este film, David Ayer, confiesa que le "fascina la corrupción policial y lo que puede sucederle psicológicamente a alguien a quien se ha confiado el ejercicio de la fuerza letal en nuestro nombre", nada puede sorprendernos la vuelta al asunto.

James Ellroy, autor de la inolvidable 'L. A. Confidencial' (1997), ha adaptado su propio relato original sobre un tema que nos recuerda bastante a 'Training day: Día de entrenamiento' (2001), de este mismo director, David Ayer, o 'Harsh time: Vidas al límite' (2005). Nos cuenta como Tom Ludlow, un veterano agente del Cuerpo de Policía de Los Ángeles, irascible y propenso a hacer justicia por su cuenta, se siente sensiblemente afectado por la muerte de su esposa. Cuando está siendo investigado por Asuntos Internos, se ve comprometido por el infame asesinato de un compañero. Enfrentado al sistema que ha tenido como modelo de su conducta al servicio de la Ley, todo le induce a desconfiar de la lealtad de todos cuantos trabajan a su lado y decide investigar desoyendo el consejo de sus superiores y colegas.

En esa narrativa sobre las crisis policiales en Estados Unidos, que viene siendo denominador común de la nueva filmografía de este género, James Ellroy un escritor de la especialidad, ha servido un guión con la estructura clásica, para cuestionar ciertos comportamientos nada recomendables de los que pasan por ser defensores de la ley y el orden. Un clima de amoralidad que afecta a los más altos cargos responsables de la seguridad del país y a los más bajos servidores de la justicia. La configuración de la historia por parte del director David Ayer se atiene a modelos clásicos, si bien los instrumenta con una técnica cercana a la novela gráfica o al telefilm de serie, con acentuada violencia y la habitual dinámica maniquea entre buenos y malos.

La intención de ahondar en esa investigación a nivel cinematográfico de esa amoralidad y corrupción en las fuerzas policiales, choca con la indeclinable determinación de alentar el relato por la vía más fácil y resolutiva sin entrar en análisis más rigurosos que a veces deja los personajes a la intemperie. Esta nueva visión del poder y la corrupción es tan recurrente que uno tiene la sensación de conocer muchos de los pasajes que nos brinda en una dinámica donde la violencia se impone a la razón en el sentido narrativo. Es decir que la contundencia se impone a la razón y las más expeditivas formas donde los culpables o los sospechosos son siempre eliminados a tiros. En general los personajes resultan bastante obvios.

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