montero glez. escritor

"Podemos sabe cómo funciona el laboratorio de ideas"

  • El autor hace en '¡Al cajón!' un ejercicio de crónica sociopolítica con el mitin de Podemos en Cádiz el pasado 4 de diciembre como eje

-¡Al cajón! (Stella Maris) tiene forma de crónica sociopolítica, en un formato recuerda al llamado nuevo periodismo. ¿Por qué la necesidad de contar esa jornada, y por qué hacerlo así?

-Cada historia tiene una manera de contarse, un estilo. Pienso que el éxito de un relato está en encontrar el estilo adecuado. Cuando llego al aeropuerto de Jerez el pasado 4 de diciembre, esperaba que estuviera lleno de gente que había tenido la misma idea que yo, y no: estaba yo solito. ¿Por qué? ¿Por qué sólo hay una crónica que se titula ¡Al cajón! y no 5.000 crónicas? Pienso que es porque hubo 40 años sin libertad de expresión y andamos como cohibidos. Franco se cargó la cultura, que es cargarse toda una dimensión moral. El desarrollo de Podemos es una posibilidad que se abre a infinitas posibilidades, como muestra Capote. Para alguien a quien le gusta contar historias es algo muy atractivo, acercarse a la relación de hechos entre unas personas que no van a montar un grupo de rock sino que pretenden presidir un gobierno. Lo que me sorprende es que sólo haya un libro, igual que me sorprende que sólo exista un documental sobre Podemos, el de León de Aranoa, sobre todo con la de cacharritos que hay hoy en día. Y luego, cuando los conoces a ellos personalmente, ves que son gente abierta a esa posibilidad. Yo no he tenido que hacer ningún pliego de descargo para presentarme allí. Y que, como les decía mucha gente ese mismo día, no parecen tan fieros como en televisión. El medio es que el que da miedo.

-"No me considero rojo", que dice Gran Wyoming. Pero ocurre que defender lo elemental, a nivel de derechos, le ha terminado convirtiendo en revolucionario.

-Se han mercantilizado tanto los derechos que recuperarlos es revolucionario. El capitalismo es feroz y no para de transformarse para seguir existiendo, para no estancarse. En ese proceso, mi generación no luchó, por eso se perdieron tantos derechos. Y, como ciudadanos, hemos de estar siempre en alerta, porque vivimos en un sistema que está continuamente en lucha. ¿Por qué se perdió mi generación? Pues la heroína, por ejemplo, fue un factor determinante. Acabó con la lucha de clases: su dominio fue el capítulo de El capital que Marx denomina "el fetichismo de la mercancía". Yo no fui heroinómano, pero vi lo que hizo, y que se utilizó como un factor de segmentación.

-Señala también a los sindicatos como elemento de desarticulación obrera.

-Porque no son más que herencia de los sindicatos verticales franquistas. El único auténtico que ha habido en España es la CNT, el único que ha defendido los derechos humanos, y lo dejaron fuera en la Transición.

-En el momento de escribir ¡Al cajón! decía que Podemos se ha nutrido de la movilización social de y rematado el cadáver de IU. ¿Qué supone la actual alianza?

-A mí me parece bien lo que ha hecho Pablo Iglesias. IU aparece pero ya no existe; sin embargo, lo que quedaba de la izquierda, la clase subalterna, que no ha tenido representación en España, ahora mismo, la tiene. Si Pablo Iglesias se hubiera metido en IU, estaría muerto. Veo positivo que, dentro de una misma unidad, cohabiten distintas tendencias, se complementan. La única forma de dinamizar a un sistema que muta es con tendencias opuestas dentro de una misma organización, para que exista una dialéctica y haya capacidad de acción. El capitalismo se dinamiza cada segundo.

-¿Por qué durante el 15-M, "IU estuvo a por moscas"?

-IU es herencia del cadáver del PCE, al que Suárez dio el tiro de gracia. Se lo cargó legalizándolo. Esa derrota se confirmó públicamente cuando Manuel Fraga en el Club Siglo XXI presentó a Santiago Carrillo. Con todos mis respetos a figuras como Garzón o Manolo Monereo, pero ha habido muy pocas excepciones: ha sido un partido muy rígido, sin dinamizar.

-"En los actos de campaña -dice-, con las camisetas moradas y los libros de Bakunin, deberían estar las novelas de Fitzgerald".

-La prosa de Fitzgerald es un relámpago, y junto con Hemingway y Faulkner, es mi maestro. He querido homenajear aquí al más maldito de los tres. Fitzgerald retrató la crisis del capitalismo, profundizó en la superficie de las cosas, de un sistema que empezaba a romperse con una crisis que estaba ahí. Y sólo con retratar donde él se movía, en la burbuja de champán, la estaba criticando. Contó la época frenética que se iba a rayar como un gramo de cocaína.

-También dice que Stalin debería estar incluido como pionero del capitalismo industrial...

-Rusia pasó de ser un territorio totalmente agrícola a industrializarse en un breve espacio de tiempo. Toda nuestra Edad Moderna, se resumió en un par de lustros. Fue un capitalismo planificado. Se estudia todo al revés. A Adam Smith no se le ha leído, aunque se le nombra. La propuesta de proteccionismo no se lee, si no, no se podría poner de ejemplo a Adam Smith con la independencia de Cataluña. La economía depende de la sociedad, no al revés. No es la sociedad la que depende de la economía: eso se debe a que el mercado local se ha destruido a favor de un mercado global. Nuestros productos locales y nuestra relación comercial en distancia corta se han abandonado. Si hubieran leído a Adam Smith, los que cortan los olivos se darían cuenta de que están equivocados.

-¿En Podemos siguen siendo apaches o están ya más cerca de un discurso de boy scout?

-Hay apaches y hay gente que es más vaquera. Ambos se complementan. Yo voy con los apaches, porque soy anarquista libertario. Pienso en la autogestión, en relaciones locales, que el hombre no pueda ser el medio. Te diría que Pablo Echenique es un buen apache: es un ejemplo de muchas cosas. Aunque el miedo atávico a la izquierda sigue ahí, en la sociedad, y tratan de avivarlo. Pero los de Podemos conocen cómo funciona el laboratorio de ideas y eso está muy bien, conocen las herramientas del discurso, lo abren y nos lo presentan desde una nueva perspectiva y con conciencia crítica. Al menos, ellos sí saben cómo funcionan los virus y quieren hacer de vacuna. Ven que se puede ir rompiendo el tinglado.

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