Piratas de leyenda

Desde luego, escribiendo sobre piratas de leyenda en el cine y de las aventuras míticas de los más famosos bucaneros de la historia, no nos referimos a estos filibusteros que protagonizan Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, que ahora campea con éxito en las salas cinematográficas de todo el mundo. Aunque todo mito tiende a lo hiperbólico y exagerado y el cine suele caer en esos excesos fácilmente, el género ha dado muestras muy coherentes y apasionantes de esa leyenda forjada por estos forajidos de los mares.

Decía en mi crítica ayer mismo que, a pesar del formato tridimensional de esta última entrega de los piratas caribeños, que pueda cautivar a espectadores aficionados a este tipo de cine, la diferencia con los films más clásicos no despertaría la misma admiración de quienes recuerdan los más añorados títulos, caracterizados muchos de ellos por su frescura y agilidad imaginativa.

Los buenos aficionados al cine habrán tenido alguna oportunidad de ver en televisión, en las escasas oportunidades de admirar los títulos del pasado que este medio nos brinda, una de esas películas legendarias de aventuras de corsarios. Me refiero a El pirata negro (1926), dirigida por Albert Parker cuando el cine todavía era mudo a las puertas de poder transmitir el sonido. Una joya para amantes de los grandes mitos con la actuación del inolvidable Douglas Fairbanks, precedente imprescindible de los grandes piratas que en el mundo del cine han sido. Cabe destacar que el director italiano Vitale De Stefano, quien realizara cuatro películas de este género, se había adelantado en 1921, adaptando a otro prolífico escritor de la literatura aventurera, Emilio Salgari.

Porque entre tanta filmografía de piratas luego vendrían otros esclarecidos corsarios, alguno tan inefable como Wallace Beer encarnando a Long John Silver, en La isla del tesoro (1934), según la magnífica novela de Robert Louis Stevenson y dirigida por Victor Fleming, o el inevitable Errol Flynn encarnando a otro bucanero famoso ElcapitánBlood" (1935), bajo la dirección de Michael Curtiz. Hubo una versión anterior en 1924. Tyrone Power, malogrado tan joven, protagonizaría una nueva versión de El cisne negro (1942) a las órdenes de Henry King. Antes, otro realizador italiano, Amleto Palermi, llevaría a la pantalla otra adaptación de Il corsaro Nero (1936), basada en otro libro del mismo Salgari, autor que me apasionaba en mis precoces lecturas de niño.

La extensión de nuestro espacio no nos permite compendiar la inmensa filmografía de género tan fructífero que ha encandilado siempre a un gran número de espectadores, pero recordemos títulos tan notables como El capitán Kidd (1945), de Rowland V. Lee, con el genial Charles Laughton; El pirata (1948), de Vincente Minelli, fascinante mezcla de musical y aventura con un Gene Kelly portentoso y una Judy Galrland encantadora; El temible burlón (1952), de Robert Siodmank, con Burt Lancaster, un prodigio de humor y dinamismo; Peter Pan (1953), de Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, donde el malvado Capitán Garfio protagonizaba un papel relevante (a Dustin Hoffman le correspondería el honor de darle figura humana en Kook (1991); Viento en las velas (1965), de Alexander Mackendrick, que tantas veces se olvida y es una delicia; Piratas (1986), de Roman Polanski, afortunada incursión en el género del genial polaco… En fin, tantas y tantas películas sobre estos heroicos rufianes que tanto nos han entusiasmado.

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