Pedro Almodóvar: "Pina Bausch, una fuente constante de placer, que me inspiró siempre"

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Pedro Almodóvar, amigo de Pina Bausch desde que la conoció en los años 90, cuando estrenó "Nelken" (Claveles) en el Teatro Real, asegura que la coreógrafa y bailarina alemana fue "una fuente constante de placer, me provocaba emociones muy diversas y me inspiraba siempre".

"Ocurrió -escribe Almodóvar en una carta enviada a los medios de comunicación- como en la canción de Chavela que dice: sin saber que existías, te deseaba, y antes de conocerte te adiviné".

Fue en la primavera de 1998 cuando Pedro Almodóvar, tras verla en París en el estreno en el Teatro de la Ville de la coreografía "Tierra Verde", decidía contar con ella para el rodaje de "Hablé con ella", e incluía para abrir la película con "Café Müller", una pieza de la primera época de la coreógrafa alemana.

"Imposible soñar mejor comienzo para una película que cuenta la historia de dos mujeres en coma que las imágenes de Pina y Malú, vestidas en combinación blanca, caminando a ciegas por un escenario lleno de sillas y mesas, en cuyas paredes acababan chocando", añade Almodóvar.

El cineasta asegura que coincidía con ella "en muchos aspectos, tanto artísticos como personales". "Nuestra amistad -confiesa- fue fulminante y para siempre. Pina era una mujer muy femenina y muy sensual, eso es algo que se aprecia en todos sus espectáculos, incluso en los primeros, más negros, herederos directos del cine expresionista alemán".

A Pina le "gustaba abrazar y sentir la mejilla del otro contra la suya". "Creo -comenta- que es la persona de la que más fotos tengo besándonos, o abrazándonos. Recuerdo muy bien su cuerpo, su torso tan leve, los brazos fibrosos, sus manos. Se inventó un modo de mover como flotando los brazos y las manos, entre otras muchas cosas".

Almodóvar destaca que a Pina Bausch "no le gustaba hablar de lo que había detrás de sus coreografías, las depositaba en el escenario para que cada espectador las sintiera a su manera" y, ante ellas, "todas las reacciones eran legítimas, y todas las aceptaba con esa sonrisa única y tan característica. Incluso la patosa violencia de un público emperifollado que había ido al Real para ver 'Nelken' creyendo que iban a ver una zarzuela".

"Con un cigarrillo perenne en la mano, y su sonrisa indescriptible, Pina Bausch creó un antes y un después en la danza contemporánea del último cuarto del siglo pasado", asegura Almodóvar, quien concluye: "adoraba el flamenco y el mundo del flamenco la adoraba a ella. Esta noche iré al bar Candela, seguro que allí encuentro a alguien con quien llorar su muerte".

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