Parafernalias monstruosas

Han pasado casi treinta años desde que en 1979, Ridley Scott, quien acaba de proponernos una moderna pieza maestra del cine negro con 'American gangster', actualmente en cartel, nos descubriera a 'Alien, el octavo pasajero' (1979), un monstruo que ya se ha hecho mítico en la antología de esa mezcla obsesiva del terror y la ciencia ficción o la fantasía más alucinante de los últimos tiempos. Eso por lo que se refiere a Alien, en cuanto a 'Predator', lo conocimos en 1987 cuando la película de John McTiernan, nos lo presentó en la selva centroamericana, con su extraordinaria capacidad para hacerse invisible a la encarnizada persecución del mayor Ducht Schaefer encarnado por el inefable Arnold Schwarzenegger.

Desde entonces no han cesado en las pantallas las delirantes apariciones de estas criaturas aberrantes y espantosas a través de continuadores por parte y parte de estos maléficos seres del Averno que el diablo cargue con sus horrendas anatomías. Sus clones o sucedáneos, tan aterradores y demoledores como ellos o más, siguen surgiendo de vez en cuando en el averno de nuestras pesadillas cinematográficas. Son como la expresión de la deformación de los gustos que caracteriza nuestro tiempo.

Y se vuelve al tópico de siempre cuando una nave exploradora Depredador se estrella en un pueblo del estado de Colorado. Los Aliens que estaban a bordo escapan y matan a todos los Depredadores. Sólo uno consigue salvarse del exterminio. Su propósito a partir de ese momento es acabar con todos los Aliens así como con el terrorífico Predalien, que fue engendrado en la historia precedente. Ante esta situación los habitantes de la población se encuentran en medio del duelo entre estas apocalípticas criaturas.

Ahora los debutantes hermanos Colin y Greg Strause sustituyen a Paul W. S. Anderson en una nueva entrega de la encarnizada lucha entre Aliens y Depredadores para regodeo de admiradores de esta lacra pavorosa del actual cine de ciencia-ficción y enfrentar de nuevo en estos choques al bípedo de alargada cabeza, afiladas garras, cola destructiva y doble dentadura capaz de pulverizar a su enemigo de un solo bocado y al corpulento engendro de cuádriple mandíbula, reflejos felinos y al que su visión térmica le permite una cierta superioridad sobre sus enemigos. En suma nada nuevo en esa esfera espeluznante de un nuevo aquelarre de efectos especiales, que a veces, más que al espanto, propende a la risa por tan patéticas insistencias en esta interminable parafernalia de duelos monstruosos.

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