Pantalla grande, pantalla pequeña

En la información televisiva de nuestro periódico podían leer el pasado martes que el consumo de televisión en los últimos años se hace sentir sobre todo en la sobremesa y la tarde, mientras no sube tanto en la mañana (con perdida sensible en los programas de algunas divas de estas horas matinales) y el llamado prime time. Llamaba la atención del informador el descenso en la audiencia de ciertos espacios donde los mayores de 65 años son más asiduos seguidores y que son los que de una u otra forma permanecen más horas ante la denominada, en bastantes casos con mucha razón, caja tonta.

Pero si los amables lectores se molestan en curiosear por las listas de programas más vistos de las distintas cadenas de televisión, incluidos los designados como canales temáticos y TDT, habrán podido comprobar que el cine no es, como ocurría en otros tiempos, la emisión más seguida por los televidentes. Sólo hay algunas excepciones aunque sean tan incomprensibles como los más de tres millones y medio de telespectadores que vieron el domingo pasado la película Pretty woman, un título de calidad discutible, que, además, se ha programado en las distintas cadenas a lo largo de sus más de veinte años de vida en infinidad de ocasiones. Lo cual servía de severo vapuleo a nuestro crítico televisivo Francisco Andrés Gallardo, quien consideraba tan maniáticas reiteraciones, las de su repetición y seguimiento a "pura tradición" e "inercia".

Pero he aquí que con el cine -que es lo nuestro- hemos topado porque en estas mismas páginas ese mismo día nos encontrábamos con algo, que si es evidente en las carteleras comerciales, en nuestras salas de proyección, lo es también, y tal vez en la misma proporción, que el cine extranjero inunda la TV. Y esto con ser cierto no lo es si nos adentramos en los detalles, porque como en los locales cinematográficos, el cine que se ve en la televisión es mayoritariamente estadounidense. Dejemos de mencionar tal cine como americano porque al resto de los habitantes de ese continente, los del norte, Canadá y México, los del centro y los del sur se molestan. Porque ellos también son americanos.

Bien pues esta noticia no hace más que evidenciar lo que a diario contemplamos en las pequeñas pantallas: que el 85% del cine que vemos en televisión es extranjero y sin duda de ese porcentaje la inmensa mayoría es cine que se produce en Estados Unidos. Lógicamente el resto, es decir el l5%, es cine español. ¿Pero tenemos en cuenta el pobre seguimiento, que, salvo raras excepciones, tiene nuestra cinematografía? ¿No será, por desgracia, la misma que tienen los films españoles en nuestras salas comerciales? Me temo que sí.

A pesar de que en las programaciones de las grandes cadenas los contenidos cinematográficos no son muchos, según los datos más destacados relativos a España del estudio de Eurodata TV Worlwide, que incluyen los hábitos de televisión de setenta países, la proporción de películas casi se ha duplicado en los últimos años. De aquí que haya pasado de un 8% en 2008 al 15% en 2010. Las series, contrariamente a lo que piensan muchos en nuestro país, han descendido su seguimiento. En suma, que nos alegramos por la difusión del cine en la pequeña pantalla. Nos gustaría que el mismo efecto se repitiera en las salas comerciales.

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