Nuevas fantasmagorías

  • El gaditano Felipe Benítez Reyes reedita su poemario más celebrado e incorpora nuevos personajes apócrifos a la galería de monstruos entrañables que lo habitan

Es el libro de poemas más celebrado de Felipe Benítez Reyes, o mejor dicho el que más premios ha recibido -entre ellos el Nacional y el de la Crítica-, pero su autor no lo ha incluido hasta ahora en las ediciones de su poesía completa. Es un libro delicioso en el que el poeta busca y encuentra, acogido a la sentencia de Mairena que cierra la colección, los poetas otros que lleva dentro, cada uno con su nombre y su biografía. Publicado por primera vez en 1995, el poemario fue recibido como la confirmación del talento imaginativo de un escritor que ese mismo año daba a conocer La propiedad del paraíso -uno de sus mejores títulos- y ganaba el Ateneo de Sevilla con su novela Humo. Ahora aparece reeditado y muy aumentado con el añadido de "nuevas fantasmagorías". Respecto a la anterior, esta edición incorpora, además de nuevas composiciones de los apócrifos ya conocidos, cinco nuevos poetas que hacen un total de dieciséis, criaturas emparentadas con la extravagante galería de personajes que el autor de Escaparate de venenos ha diseminado en su obra narrativa.

Podrían invocarse como lejano referente en prosa las Vidas imaginarias (1896) de Marcel Schwob, tan admiradas por Borges, pero el precedente más inmediato es sin duda la Antología traducida de Max Aub, un libro deslumbrante cuya primera edición data de 1963, aunque el autor, como parece que piensa hacer el propio Benítez Reyes, fue aumentando el número de apócrifos y poemas en sucesivas recopilaciones. Ambas colecciones comparten la ironía, el ingenio y un cierto sentido lúdico. Pero ello no quiere decir que junto a hilarantes parodias no encontremos -porque no se trata de categorías enfrentadas- poemas emocionantes, que no pueden reducirse -o no en todos los casos- a la condición de ejercicios de estilo. En tal sentido, como ha señalado él mismo, la escritura de esta obra en marcha constituye también un desahogo, en la medida en que le permite asumir voces y tradiciones distintas a las que caracterizan su propia poética.

Por otra parte, sin dejar de ser un libro de poemas, Vidas improbables presenta un carácter híbrido en lo que al género se refiere, pues las semblanzas en prosa de los poetas -estupendas caricaturas de sabor borgiano, a lo Bustos Domecq- tienen no menor interés que los propios poemas. Por citar sólo a los nuevos apócrifos, nos encontramos en la nueva edición con personajes tan novelescos y estrafalarios como el "modernista simbiótico" Miguel Conde Laffita, un sanluqueño que combina la bohemia trasnochada con la gerencia de una ferretería; el latinista gaditano Ignacio Conradi, autor de una versión ultraísta de la Eneida felizmente extraviada; el surrealista Manuel Ruiz Cotta, émulo de Lasso como "falso precursor" de la vanguardia hispánica; el desdichado Lucky Johnson Jr., "Prince of the Delta Blues Singers", o el "beat tardío" Harry Bandini, road manager de una banda de rock psicodélico. Monstruos entrañables que se añaden a otros ya conocidos como el falsificador y calígrafo Rogelio Vega, que se atreve a perpetrar poemas atribuidos a Keats, Leopardi, Eliot o Emily Dickinson. Habrá quien piense que se trata de un mero divertimento, pero no es tan sencillo salir airoso de una prueba semejante. Por lo demás, nadie dijo que el buen humor fuera incompatible con la poesía.

Felipe Benítez Reyes. Editorial Visor. Madrid, 2009. 164 páginas. 20 euros.

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