El Museo Sorolla explora la vocación lumínica del artista en su obra

  • La exposición reúne hasta enero del año próximo 54 obras en las que el tratamiento de la luz es el aspecto más significativo Se enmarca en el Año Internacional de la Luz 2015

La pintura de Joaquín Sorolla es uno de los mejores ejemplos de la importancia de la iluminación en la obra de arte y por ello la exposición Sorolla. Arte de la luz se incluye en la celebración del Año Internacional de la Luz 2015. Un proyecto promovido por la Unesco y que cuenta en España con el alto patrocinio de la Casa Real.

Con esta muestra, que estará abierta en el Museo Sorolla de Madrid hasta el 18 de enero del próximo año, se quiere profundizar en la faceta más conocida del artista valenciano, "el pintor de la luz", quien desarrolló una sensibilidad extrema hacia la luz, natural o artificial, en interiores y, sobre todo, en exteriores.

Organizada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en colaboración con la Fundación Museo Sorolla, la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación Iberdrola España, el recorrido está formado por 54 piezas donde el tratamiento de la luz es el aspecto más significativo. Todas las obras pertenecen a colecciones del museo, excepto una procedente de una colección particular.

La exposición se propone acercar al visitante a algunos cuadros particularmente interesantes en el uso de la iluminación. Desde mediados del siglo XIX la luz se adueño de la pintura. Si hasta entonces había servido para iluminar los objetos, se podría decir que desde entonces los objetos sirven como soportes de la luz y la pintura registra una nueva sensibilidad hacia sus efectos y matices.

En los cinco apartados en que los comisarios (Consuelo Luca de Tena, directora del museo, y José Manuel Pascual) han dividido la exposición se analizan las distintas formas de iluminación que Sorolla cultivó y en las que no solamente fue capaz de reproducir los distintos matices de la luz, sino que supo evocar la sensación de vida que la luz natural transmite y la emoción que en él suscitaba ese juego de la luz.

En el recorrido se puede contemplar también una serie de fotografías en las que aparece Sorolla pintando algunos de los cuadros expuestos y analizando la forma de organizar la relación con su motivo, su posición respecto a la luz o la elección del encuadre.

En la época en que vivió Sorolla, la ciencia realizó grandes avances en el conocimiento de la misteriosa naturaleza de la luz. Desde finales del siglo XIX, los progresos técnicos fueron haciendo de la luz, tanto artificial como natural, un bien cada vez más accesible. Mientras se extendía el uso de la iluminación artificial, las nuevas técnicas constructivas mejoraban el aprovechamiento de la luz natural en los edificios.

La experiencia cotidiana de la luz cambió sustancialmente, y la pintura registró una nueva sensibilidad hacia sus efectos y matices, principalmente, aunque no sólo, hacia la luz natural y al aire libre.

La forma en que la luz se adueñó de la pintura era nueva; si hasta entonces había servido para iluminar los objetos, desde mediados del siglo XIX los objetos servían como soportes de la luz.

"La intención de la exposición es que el visitante se dé cuenta de cómo Sorolla utiliza la luz de diferentes maneras y para ello hemos agrupado los cuadros de forma que se aprecien esos cambios, esas nuevas experiencias de la luz", señaló la directora del museo.

El recorrido, en el que se pueden contemplar obras como La alberca, La hora del baño, Madre, Saltando a la comba o Reflejos de un fuente, finaliza con la exhibición de Después del baño la bata rosa, de 1916, "una de sus obras más enigmáticas y una de las que más me impresionan", indicó Blanca Pons-Sorolla. Una obra "absolutamente redonda".

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