Matar al presidente

Multicines La Dehesa Islantilla.- T.O.: 'The conspirator'.- Producción: Estados Unidos, 2011.- Duración: 123 minutos.- Dirección: Robert Redford.- Guión: James D. Solomon basado en un argumento de James D. Solomon y Gregory Bernstein.- Fotografía: Newton Thomas Sigel.- Música: Mark Isham.- Montaje: Craig McKay.- Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long, Tom Wilkinson, Alexis Bledel, Toby Kebbell

Esta es otra película que nos ha llegado con retraso. Se presentó en las salas españolas el pasado dos de diciembre. La recuperamos ahora en esta sala de Islantilla. Y es uno de esos títulos que por venir dirigido por Robert Redford, su última realización hasta ahora, había despertado la lógica expectación. El actor-director tiene una filmografía irregular pero cuenta con títulos sobresalientes -un Oscar como mejor director por su película Ordinary People (1980), por la que también consiguió un Globo de Oro y otro Oscar por su trayectoria profesional-, y es una personalidad en el cine de Hollywood, sobre todo como emprendedor efectivo de un cine independiente a través del Instituto Sundance (Utah) y el festival correspondiente, que, desde 1980 se ha convertido en un centro de formación cinematográfica para jóvenes cineastas de donde han salido directores notables.

La película nos lleva a un acontecimiento histórico de los Estados Unidos: el asesinato del presidente Abraham Lincoln. Tres personas implicadas han sido detenidas acusadas de conspiración para matar al presidente, vicepresidente y secretario de Estado. La única mujer, Mary Surratt, es dueña de una pensión donde el autor del magnicidio y sus cómplices se reunieron para planear los atentados simultáneos. Un héroe de guerra unionista, de 28 años, el abogado Frederick Aiken, en contra de sus deseos acepta defender a Mary Surratt ante el tribunal militar. Está convencido de que a pesar de la inocencia de su defendida, se la utiliza para dar con el paradero de su hijo John, el único conspirador que burló la orden de busca y captura. El proceso, que atrae la máxima expectación, ha suscitado la condena general de la mujer a la que el joven abogado trata de arrancar la verdad para salvar su vida.

Si en Estados Unidos esta película revela la visión de un liberal comprometido como es Robert Redford del primer atentado político de la democracia norteamericana, esta reflexión sobre un hecho del pasado, especialmente traumático, pero cuya proyección hacia la actualidad se manifiesta como toda una declaración de principios a favor de los derechos civiles y las garantías constitucionales por encima de los intereses de Estado. En ese aspecto el film cumple dignamente sus expectativas y su lectura actual es incontrovertible. Hay un minucioso cuidado en las formas, en la puesta en escena y en la reconstrucción histórica de los personajes. Mantiene la tensión y tanto la exposición del juicio como la dramatización de los hechos, instrumentada en forma de flash-backs, configuran un montaje alternativo cuya única objeción la podemos poner en los excesos discursivos de la trama, que se excede en los subrayados, absolutamente innecesarios.

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