josé calvo poyato. escritor

"Mariana Pineda nunca bordó una bandera"

  • El novelista egabrense prolonga su serie literaria sobre emblemáticos personajes femeninos de la Historia con 'Mariana, los hilos de la libertad'

Mariana Pineda es la protagonista de la nueva entrega literaria de José Calvo Poyato (Cabra, 1951). La libertad y la opresión se enfrentan en una obra en la que al componente histórico se suma una trama policiaca. Publicada por Plaza & Janés, Mariana, los hilos de la libertad celebrará su presentación en Córdoba el próximo martes (20:30) en el Real Círculo de la Amistad.

-¿Cómo ha sido su acercamiento al personaje? ¿Qué le interesaba destacar de él?

-La idea inicial era el deseo de cerrar una especie de extraña trilogía de novelas dedicadas a mujeres; digo extraña porque no es una trilogía al uso. Las primeras fueron Caterina Sforza en La dama del dragón e Hipatia de Alejandría en El sueño de Hipatia. A la hora de buscar el tercer personaje me planteé que fuera una española cuyo perfil diera juego para una novela. Y me llevé una sorpresa cuando comprobé que no había ninguna novela sobre Mariana de Pineda. Se han escrito obras de teatro, óperas, poemas..., y a ella se han acercado autores como Federico García Lorca, Martín Recuerda, Antonina Rodrigo con sus ensayos..., pero no había una novela en la que fuera el personaje central. Era una razón de más para que pensara que una mujer de su talla histórica merecía una novela. La época que recreo es la fase final de su vida, entre 1828 y 1831, los tres años en los que vive con mayor intensidad su acción política. Y me he encontrado con una mujer que rompe los esquemas que la sociedad de su época tiene reservados para las mujeres. Ella pertenece a la pequeña nobleza, a la aristocracia: se llama Mariana de Pineda, si bien para popularizar el personaje se le quita ese de que le otorga un aire aristocrático. Rompe los esquemas de lo que se espera de una mujer de su condición social. En primera instancia, porque está vinculada a la actividad política, que en la España del siglo XIX era un campo reservado a los hombres y de hecho lo ha seguido siendo hasta hace muy poco tiempo. Pero también en su comportamiento personal; se casa embarazada, por ejemplo, y tiene una hija cuando ya es viuda. Es una mujer a la que la buena sociedad de su época no ve con buenos ojos porque hace cosas que no son propias de las mujeres de su tiempo y por sus comportamientos personales y sentimentales. Es muy rompedora. Me encuentro también con su gran capacidad de resistencia a las presiones de un personaje tan siniestro como Ramón Pedrosa, que la presiona con un objetivo fundamental: que delate a sus compañeros los liberales granadinos. Ella se niega y pierde la vida por esta negativa. El personaje rompe pronto el círculo local: en España empieza a hablarse de esta mujer, que era muy joven. Me interesaron mucho las preocupaciones del ser de carne y hueso más allá del mito: ella es viuda y está muy preocupada en sus últimos días por lo que vaya a pasar con sus hijos, que van a quedar huérfanos. Pero habiendo una razón como ésta, que hubiera explicado otra actitud, se mantiene firme en sus convicciones y afronta la ejecución. Incluso en los cafés de Europa se habla de ella en el siglo XIX, y hoy una de las grandes salas del Parlamento Europeo lleva su nombre. Es un personaje que, con mucho, ha desbordado los límites de una localidad y un ambiente. Y el momento histórico me parece tremendamente atractivo, porque dentro de la oscuridad que supone ese momento absolutista de Fernando VII empiezan a percibirse cambios. Por un lado, en la Granada de la época hay una sociedad muy conservadora, muy pegada a las formas del absolutismo, pero también hay núcleos de liberales e incluso masones muy importantes. Alcalá Galiano afirma en sus memorias que el Gran Maestre de la masonería española estaba en Granada. Frente al "vivan las cadenas" hay grupos dispuestos a luchar por la libertad, en un momento en el que se está moviendo algo importante: Fernando VII acaba de tener una hija, Isabel, pero los sectores más absolutistas consideran que la Ley Sálica está en vigor y que por tanto el futuro rey debe ser su hermano Carlos. Yo he querido reflejar todo esto.

-¿En qué medida se corresponde en el caso de Mariana Pineda el personaje mítico con la realidad?

-De los aspectos sobre ella que han llegado al conocimiento del público hay algunos que no se corresponden con la realidad. Por ejemplo, de Mariana se dice que es ajusticiada por bordar una bandera. Pero ella nunca bordó una bandera, la encargó a unas bordadoras profesionales que trabajaban en el barrio del Albaicín. Ella es responsable de la bandera pero no la bordó. Hay otro elemento que tiene mucha fuerza literaria: García Lorca dice en su obra que el odio de Pedrosa hacia Mariana es consecuencia de un despecho amoroso. Según Lorca, él se enamora de ella, una mujer hermosa de 26 años, pero ella no quiere saber nada de quien es un esbirro de Fernando VII que se dedica a perseguir liberales. Eso no ocurrió nunca: Pedrosa es un policía que sabe que ha detenido a una pieza importante, que quiere hacer carrera y llegar a través de esa pieza a un número mayor de liberales para detenerlos. Yo creo que en el personaje lo que más llama la atención, además de que está muy adelantado a su tiempo, es la lealtad con que defiende sus convicciones, hasta el punto de que prefiere sacrificar su vida a delatar a sus correligionarios.

-¿Cómo ha resuelto en esta obra la tensión entre el historiador y el novelista?

-Cuando escribo un libro de historia procuro que el historiador abandone por completo al novelista, y cuando es el novelista el que escribe hay una especie de pulso que intento que gane éste. En este caso lo he resuelto creando paralelamente una trama de ficción. Mariana, los hilos de la libertad es una novela histórica pero también una novela negra. He intentado anudar dos géneros muy distintos en su concepción, y que la parte de novela negra recoja también elementos históricos importantes. En la obra aparecen unos asesinatos que la voz popular atribuye al "verdugo de la Inquisición". Porque los cadáveres aparecen como si fueran penitenciados del Santo Oficio. ¿Por qué he escogido este elemento? Porque la Inquisición vive un periodo extraordinariamente agitado. Los diputados liberales de Cádiz anulan la Inquisición y Fernando VII la restaura en 1814, cuando regresa a España al término de la Guerra de la Independencia. Los liberales, que se hacen con el poder en 1820, vuelven a abolirla, y en algún libro se ha dicho que cuando Fernando VII regresa de nuevo al poder absoluto en 1823, después del episodio de los Cien Mil Hijos de San Luis, la restaura. Pero no es cierto. Hay un sector, el más ultra del absolutismo, que quiere que se restaure, y que se manifiesta por ejemplo en Cataluña con el movimiento de los Malcontents, que reivindica que el Santo Oficio vuelva a actuar. Todos los que quieren esta restauración empiezan a agruparse alrededor del hermano del rey, el infante Carlos: es el germen del carlismo. Yo he querido explicar todo esto a través de unos crímenes que la policía tendrá que investigar. Es decir, la trama negra tiene un desarrollo histórico que me permite explicar circunstancias que se están viviendo en ese momento.

-De ese espíritu liberal español que hizo posible la Constitución del Doce y la abolición del absolutismo, ¿queda algo?

-Tenemos una Constitución que nos permite ser ciudadanos. Los hombres del Doce logran un cuerpo legislativo que permite a la gente reunirse, opinar, escribir y criticar al poder sin ir por ello a la cárcel... Aparecen por primera vez derechos que convierten a los súbditos en ciudadanos. Hoy, con todas las dificultades, tenemos una Constitución que nos permite expresar libremente nuestras opiniones, reunirnos... El origen de lo que se llama hoy una democracia parlamentaria o democracia constitucional está en aquellos hombres que entonces eran una minoría muy pequeña, ya que la mayoría está en el "vivan las cadenas". Por otra parte, los liberales españoles de este primer liberalismo están profundamente divididos, y eso en algunos momentos le resta una gran eficacia al gobierno. Están divididos en las Cortes de Cádiz, donde se hace un gran esfuerzo para alumbrar el texto constitucional a través de un espíritu de pacto. A mí me recuerda ese espíritu, que hoy se echa de menos, al que permitió alumbrar la Constitución actual. Años más tarde, cuando los liberales vuelven al poder, en 1820, las pugnas entre doceañistas y veinteañistas hacen poco menos que ingobernable el país. También hoy la política nuestra merece un mayor nivel de acuerdo en temas como la sanidad, la educación, las pensiones, la defensa nacional... Sobre todo en momentos de dificultad, hay que buscar más los elementos que unen que los que separan.

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