Fila siete

Malos tiempos

No podemos retraernos a los malos tiempos que vive el cine, cuando sigue descendiendo el número de espectadores y a la vez el número de salas, ya que este año España tiene 117 salas y casi cuarenta mil butacas menos que 2007, según se verifica en el último censo de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC). Las Comunidades con mayor número de locales de proyección cinematográfica son Cataluña, con 735, Andalucía, con 700 y Madrid con 585. Juntas ocupan algo más de la mitad de salas de nuestro país: un 51,5 por ciento.

Sin entrar en un estudio más concienzudo sobre densidad de salas por millón de habitantes, que nos sumiría en un bosque de cifras, si parece oportuno considerar que, según el informe, el mayor descenso relativo de salas y butacas que de pantallas prolonga la tendencia, que parece no desacelerarse -si usamos una terminología muy actual- a un desplazamiento de locales con un menor número de salas, a favor de los locales con mayor número de ellas, aunque más pequeñas. Asimismo esa tendencia marca la ubicación de los nuevos centros de exhibición múltiple en las grandes superficies comerciales de los alrededores de las grandes ciudades o de aquellas que centralizan un objetivo comercial y de ocio de una zona o comarca. Es el caso que tenemos en Huelva, como en otras localidades, que obedece a un recurso que puede favorecer la difusión del cine, aunque no siempre resulte positivo.

Pero si ésta es una tónica que afecta al cine en cuanto a su difusión como industria de exhibición, en el sector de la producción no van mejor las cosas. Y eso a pesar de que durante los meses transcurridos de este año la cuota del cine español se ha duplicado, alcanzando el 19,44 por ciento que es un cifra muy considerable si la comparamos con años anteriores. Concretamente en 2007 a estas alturas no se llegaba más que al 10,35 por ciento. La incidencia de las películas El orfanato (2007) y Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la tierra (2007), ha sido decisiva a la hora de sumar espectadores y recaudación en el balance de esa apreciación.

Pero no es oro todo lo que reluce porque a pesar de esas cifras la competencia con el cine extranjero, que no es ni más ni menos que el cine norteamericano, sigue siendo negativa. No en vano la presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, Ángeles González Sinde, se lamentaba de las presiones externas que impiden el despegue del cine español, y aseguraba: "En cuanto se plantean asuntos como las cuotas de películas dobladas, (Jack) Valentí, del MPA (Motion Picture Association) y el embajador de Estados Unidos se van directamente a la Moncloa, sin siquiera llamar al ministerio, y amenazan con cortar el grifo".

González Sinde no hacía más que confirmar algo que ya se ha denunciado muchas veces y es que las prácticas oligopólicas de los grandes estudios estadounidenses (unidos en el MPA) perjudican la cuota de pantalla del cine español. Ésta y otras circunstancias bien evidentes dificultan la comercialidad de nuestra cinematografía en una competencia evidentemente desleal y así la presidenta de la Academia añadía: "Lamentamos que el Ministerio de Industria sintonice mejor con los intereses del importador de IPods que con los 8.000 autores españoles" y pide que "los representantes de la UE se plantaran en las negociaciones del GATT (acuerdo mundial de comercio) por el cine". Ella lo achaca a que los ciudadanos europeos y los españoles en particular, no han entendido el valor del cine como motor económico.

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