Lydia Bosch ya no sonríe como antes

No hay divorcio tan civilizado como para que no se solucione sin venganzas y reproches, al menos si existe patrimonio para repartir. Lo que parecía caricatura en La guerra de los Rose se convierte en una realidad demasiado frecuente, aunque los protagonistas no lleguen a las consecuencias mortales de la película que dirigiera un tipo tan grande como Danny De Vito. La guerra es ahora entre Martín y Boquera, entre un arquitecto de prestigio y una actriz de importante gancho popular, Lydia Bosch. El apellido artístico se lo impuso Chicho Ibáñez Serrador cuando la presentó como azafata del Un, dos, tres. Utilizó el "Bosch", la marca de las cámaras de TVE, porque le daba grima llamar "Boquera" a una chica de sonrisa tan rotunda.

Cuando se caían los muros por el Este, Lydia era una chica de moda en el cine, novia de Iñaki Miramón y finalmente esposa de otro ochentero venido muy a menos, Micky Molina. La nuera ideal, firme, cristiana y cariñosa, tomó cuerpo en Médico de familia, el merengue que revolucionó la televisión de los 90. La esposa en la ficción de Emilio Aragón se convirtió en la idílica mujer de Alberto Martín. Arropada por sus millones, pudo arrinconar los focos durante unos años para atender a la familia. Mientras las carreras de ambos los iban distanciando, fraguaron fango en torno a los billetes y los chalés. Lydia ya no sonríe y ha acusado de forma grave a Alberto, futuro ex al que le pide 20.000 euros mensuales y un buen pellizco de su patrimonio.

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