Luto en la danza española por Pilar López Júlvez

  • La bailarina y coreógrafa muere en Madrid a los 95 años, convertida en un mito del baile

La bailarina y coreógrafa Pilar López, hermana de la legendaria Encarnación López Júlvez La Argentinita, falleció la madrugada del lunes al martes en Madrid a los 95 años. Nacida el 4 de junio de 1912 en San Sebastián, en una familia de comerciantes de telas que se encontraba de paso. Muy vinculada a Andalucía, recibió la Medalla de Oro de la comunidad y fue galardonada con el título de Maestra del Baile en la Bienal de Sevilla, entre muchas otras distinciones. Fue su padre, un segoviano que viajaba con frecuencia a Argentina, quien la guió en sus gran afición al flamenco y a la danza.

Pilar y Encarnación López han sido referentes de El Güito, José Greco, Manolo Vargas, Rafael Ortega, Elvira Real, Alicia Díaz y, en especial, Antonio Gades.

Gran embajadora, junto con La Argentinita, de la cultura española, debutó profesionalmente con su hermana en 1933 con El amor brujo en el Teatro Falla de Cádiz. Viajaron a Argentina en 1935, y empezaron en el Teatro Colón de Buenos Aires, con una lluvia de ovaciones, una gira de más de un año por América. Regresaron a España unos días antes del estallido de la guerra civil, y optaron poco después por trasladarse a Argelia, París, Londres, Bélgica y Holanda.

La compañía de su hermana, formada por Pilar y los bailarines José Greco y Manolo Vargas, actuó durante cinco años en Estados Unidos, donde estrenaron con gran éxito sus coreografías de El bolero de Ravel y El Café de Chinitas, obra inspirada en una canción de Federico García Lorca y con decorados dalinianos; ambas en Nueva York.

La muerte de La Argentinita (en septiembre del 45 en la Gran Manzana) provocó el regreso de Pilar a España con los restos mortales de su hermana. A finales de los 40 montó su propia compañía, el Ballet Español, que se estrenó con El sombrero de tres picos, hasta entonces sólo interpretado por Léonide Massine, el sucesor de Nijinsky, y los Ballets Rusos.

Hizo suyas otras coreografías, como Agua, azucarillos y aguardiente, Capricho español de Rimsky-Korsakof, la Puerta de Tierra de Albéniz, Soleares y la Suite vasca de José María Franco. Pilar López paseó su arte en los años 50, 60 y 70 por Cuba, México, Brasil, Venezuela, Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, Suecia o Finlandia, países donde se admiró su prestigio, que desde hacía años tenía un alcance mundial. Estrenó en 1952 el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo en Valencia. Momentos estelares de sus giras fueron también la que hizo en Oriente Próximo y Japón o su actuación ante la Reina Isabel II de Inglaterra.

Dejó de bailar en 1974 y se jubiló en 1982. Sólo en tres ocasiones retomó la actividad, únicamente para revisar los pasos del Concierto de Aranjuez que hicieron el Ballet Nacional Español de Antonio Gades (1979) y el Ballet Nacional de España de Elvira Andrés (2001 y 2002). Recibió dos homenajes en 1997 y 1998, el primero durante el Festival del Cante de las Minas, que le dedicó el libro Pilar López: Una vida para el baile, de Ángel Álvarez Caballero, y el segundo a cargo del Ballet Nacional de España, con motivo del vigésimo aniversario de su formación.

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