Luque, un gran paso hacia figura

  • El torero sevillano, que gana la 'Oreja de Oro' de la Asociación de la Prensa de Madrid, pierde la Puerta Grande por su fallo con la espada · Uceda Leal, muy frío y academicista, y El Fandi decepciona

Daniel Luque ganó la Oreja de oro que otorgaba la Asociación de la Prensa, al triunfador de la tarde, en su corrida extraordinaria. Galardón importante, que le entregó la infanta Elena, al término del festejo, quien ocupó una barrera junto al presidente de la institución madrileña, Fernando González Urbaneja. Hasta aquí, la noticia. Pero hubo más. Mucho más. En un espectáculo que quiso cargarse el viento, el torero sevillano dio dimensión de figura. Capacidad, valor sereno, torería y buen gusto, fueron un combinado perfecto con el que el torero de Gerena dio fiesta a los dos toros de su lote, a los que no mató adecuadamente. De lo contrario, estaríamos hablando de una tarde histórica del joven diestro, en la que hubiera ganado su primera Puerta Grande en Madrid. Pero con lo realizado ayer, está claro que puede conseguirla en próximas actuaciones. Por ejemplo, en la del jueves 4 de junio, para la que ya le espera la cátedra para un examen, que ayer pasó con nota muy alta.

Daniel Luque, la gran revelación de esta temporada, conquistó al público de Madrid. El torero sevillano apostó muy fuerte en su primero. Soplaba fuerte el viento y Luque se fue a los medios. Comenzó dando distancia al toro, con movilidad, pero al que le costaba humillar. El diestro de Gerena impresionó por su firmeza. Como un poste y sin estoque simulado, que arrojó a la arena, trenzó varios ochos con hasta cuatro cambios de mano por la espalda impresionantes, que repitió con otra serie de la misma magnitud, momentos esplendorosos con aires ojedistas. Las bernadinas fueron muy auténticas y ceñidas. Cuando el premio estaba al alcance de su mano, con el público totalmente entregado, dio un mítin con los aceros y todo quedó en una fuerte ovación.

Impresionante los momentos vividos en el primer puyazo con un Calígula gigantón, que descabalgó al picador Campo, quien partió la vara y se agarró a un pitón del enorme burel. Un monosabio, desde el callejón, salvó al varilarguero, sacándole a modo de grúa de la dramática escena. El toro metió los riñones en un segundo puyazo larguísimo. Para que digan los taurinos, que los únicos toros que embisten son los toritos de buenas hechuras. En esta ocasión, el elefante lo hizo con franqueza y humillando. Luque volvió a desplegar excelentes condiciones. De nuevo, valor a raudales. Y buen toreo. Con la derecha, serie intensa, con tres y el de pecho, con un pase de desprecio intercalado. La faena fue creciendo por ese pitón, con otra serie notable y otra más con ligazón y una quietud escalofriante. Por el izquierdo no hubo toreo fundamental, pero con recursos se marcó dos preciosas trincherillas y un pase del desdén de escándalo. Como epílogo, de nuevo, trincherilla y pase de desprecio, unido a uno de pecho. Todos los espectadores, expectantes, en silencio, acompañaron con el corazón el impulso del diestro a la hora de matar... espadazo muy trasero. Oreja.

José Ignacio Uceda Leal consiguió pocas cosas interesantes en una labor academicista y más bien fría, con un lote manejable. Uceda compitió en sosería con el mansote, noblón y flojo que abrió plaza. Y ante el cuarto, también franco y con las fuerzas justas, sólo se acopló en una tanda con la diestra y en dos buenos derechazos al comienzo de una labor desvaída. Para colmo, quien es un matador de toros de primer rango, se mostró como un pinchauvas.

David Fandila El Fandi decepcionó. Con los palos, despliegue atlético soberbio ante su lote, escuchando ovaciones en todos los toros. Con su primer oponente, el único par meritorio fue el tercero, corriendo hacia atrás y cuadrando en la cara. Ante el segundo destacó en un par de dentro afuera, al violín y parando al toro. En el resto de pares, clavó siempre a toro pasado. A su primero, justo de fuerzas, lo agotó en las carreras en el segundo tercio. El animal llegó a la faena de muleta defendiéndose y la labor resultó deslucida. El Fandi desperdició una gran oportunidad con el quinto, un gran toro, con nobleza, repetidor y que humillaba. Muletazos y más muletazos a granel, con los que aburrió al público y hasta al toro.

La tarde, con nombre propio y galardón, fue para Daniel Luque, en una gran actuación agrietada por los aceros y en la que dio un gran paso para alcanzar el grado de figura del toreo.

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