Latitudes: cine Ruso

El próximo día 1 de marzo, a las siete y media de la tarde, en el Salón de Actos de la Caja Rural del Sur, Latitudes inicia su ciclo cinematográfico, dedicado al cine ruso con la proyección de la película Cuando pasan las cigüeñas (1957), de Mikhel Kalatozov. Título mítico que abría una nueva perspectiva al cine soviético, hasta entonces sujeto a la ejecutoria totalitaria del régimen, proyectada hacia el exterior y especialmente a los festivales internacionales. Logró la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1958 merced a lo que constituye una bella historia, una espléndida escenografía, unos actores extraordinarios y ciertas secuencias que recuerdan los grandes maestros del clásico cine del país.

A tan emblemático título le sigue el día 2 de marzo otro no menos significativo en esta admirable filmografía: La balada del soldado (1959), de Grigori Chujrái, galardonada también en Cannes en 1960 y nominada para el Oscar. Considerada uno de los mejores films de su tiempo, es un alegato antibelicista en el curso de un relato romántico magníficamente fotografiado en blanco y negro. No menos valiosa es Andrei Rublev (1966), de Andrei Tarkovsky -que podrá verse el día 3-, sobre la vida del pintor ruso de ese nombre, prestigioso por sus bellos iconos. Su calidad indiscutible se desgrana a lo largo de sus 182 minutos de duración realmente apasionantes.

Otro de los destacados realizadores de ese resurgir del cine ruso es Andrei Konchalovsky, director de Nido de nobles (1969) -programada para el día 4-, una brillante adaptación de la famosa novela de Iván Turguenev, uno de los más notables escritores de la literatura rusa, el más europeísta de los autores del siglo XIX.

Ya hasta el día 28 de marzo no habrá una nueva cita con este ciclo de cine ruso que nos brinda Latitudes. Se reanudará con la película Pieza inconclusa para un piano mecánico (1977), de Nikita Mijalkov. Se trata de otra adaptación, en este caso de una las piezas teatrales más prestigiosas de Antón Pávlovich Chejov, titulada Platonov que hasta entonces no había sido estrenada fuera de Rusia. Inspirada expresión de la hipocresía y las pasiones artificiales, trasunto entre el drama y la farsa, fue premiada en el Festival de San Sebastián de 1977.

El día 29 de marzo se estrena Moscú no cree en las lágrimas (1979), de Vladimir Menshov. La película supone una decidida ruptura con los cánones impuestos en determinadas conductas sociales para introducirse en el ámbito de los sentimientos y en el sacrificio personal de las madres solteras para abrirse paso en la vida. El día 30 se proyectará Estación para dos (1982), de Eldar Riazanov, un melodrama romántico que tiene como escenario una estación de trenes donde se conocen Viera, una camarera, y un pianista, Platón Riabinin, que tendrá que ingresar en prisión por un accidente del que no es culpable. El día 1 de abril finaliza el ciclo con la película Estrella (2002), de Nikolay Lebedev, un drama bélico que ha sido uno de los films más taquilleros de los últimos tiempos en Rusia. Latitudes también proyecta dos ciclos más de cine francés e indio, del que nos ocuparemos mañana.

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