Cultura

La casa museo Juan Ramón Jiménez rinde homenaje a Nicolás Achúcarro

  • El nobel moguereño mantuvo una intensa amistad con su médico personal, de cuya muerte se cumple el centenario

Libros de Juan Ramón Jiménez en los que hace referencia a Achúcarro. Libros de Juan Ramón Jiménez en los que hace referencia a Achúcarro.

Libros de Juan Ramón Jiménez en los que hace referencia a Achúcarro. / H.I.

La pieza del mes de la casa museo Zenobia-Juan Ramón, de Moguer, acerca a la estrecha relación afectiva que el nobel moguereño mantuvo con su médico y amigo personal, Nicolás Achúcarro, del que se cumple este año el centenario de su muerte.

Por este motivo, la entidad juanramoniana saca a la luz la intensa relación que el poeta de Moguer mantuvo con el entonces joven doctor y científico, al que llegó a calificar como "amigo extraordinario", tal fue la admiración que Juan Ramón sentía por este hombre que además de gran médico, era conocedor de siete idiomas, viajero incansable, lector empedernido y amante de las artes, la música, la naturaleza y el deporte.

Juan Ramón convivió durante dos años con Nicolás Achúcarro en la casa del Doctor Simarro, y durante este tiempo ambos congeniaron estrechamente de tal manera que el moguereño nunca olvidaría la alegría, el dinamismo y la bondad del joven científico, vitalista y trabajador incansable, en quien encontró al compañero ideal para compartir intereses artísticos e intelectuales.

Achúcarro llegó a convertirse en una figura muy respetada en el campo de la neuropatología y la psiquiatría, tanto dentro como fuera de España, siendo considerado como el continuador de la escuela de Santiago Ramón y Cajal. Muy apreciado por los pensadores más influyentes de su época fue muy conocido por sus investigaciones sobre neuroglia, alcoholismo, enfermedad de alzhéimer y la parálisis general, así como por el procedimiento que lleva su nombre.

En la obra Juan Ramón de viva voz, el poeta de Moguer relata que "cuando yo tenía veinte años subí a los Siete Picos de Guadarrama casi todos los domingos, con Achúcarro". Incluso: "iba muchas veces con Achúcarro y Sandoval a ver hacer autopsias".

El recuerdo de aquellos años de grata y fecunda amistad permanecería para siempre en la mente del poeta, que incluyó su retrato en el libro Españoles de tres mundos, "Alegre, dinámico, inquieto y bueno, Nicolás Achúcarro", dedicándole también el primer capítulo de Poemas agrestes: "A Achúcarro que, como la aurora, lo alumbra todo y lo alegra".

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