Juan Gelman defiende la memoria y la verdad en su discurso cervantino

  • El poeta argentino destacó, al recoger el máximo galardón de las letras hispanas, la importancia que para él tuvieron las obras de Cervantes, San Juan de la Cruz y Santa Teresa durante sus años de exilio

El Rey entregó ayer a mediodía el premio Cervantes al poeta argentino Juan Gelman en una ceremonia en la que las referencias a su vida, marcada por el exilio y el sufrimiento, se cruzaron con su condición de poeta "desgarrador".

En el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el Rey, que calificó al poeta nacido en Buenos Aires, en 1932, como uno de los más valiosos de los últimos tiempos, destacó que pese a su vida dramática "no se ha visto mermado su compromiso a favor de la dignidad humana, así como en defensa de los derechos humanos, de la verdad y la justicia". "El magisterio de Gelman es evidente. Tanto en su palabra como en su lucha personal", precisó.

Y es que este poeta argentino, que "lleva la poesía tatuada en los huesos", según declaró el ministro de Cultura, César Antonio Molina, durante la ceremonia de entrega, ha tenido que ver cómo la dictadura militar argentina le persiguió a él, le arrebató a su hijo de 20 años, a su nuera embarazada y le quitó a su nieta, Macarena. Esta joven, ahora recuperada tras años de búsqueda, estaba ayer presente en la ceremonia, embelesada escuchando a su abuelo, junto a los otros tres nietos.

Por todo ello, el emocionante discurso que Gelman pronunció en la ceremonia de entrega trajo el recuerdo del dolor y la memoria de los desaparecidos, su compromiso con los derechos humanos, la verdad, y su amor por la palabra poética. "Escribo para vivir", precisó recordando a la poeta rusa Marina Tsvetaeva

Gelman, vestido con un elegante chaqué gris, y con voz muy pausada realizó una encendida defensa por la recuperación de la memoria: "Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego".

"Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí... alimentan preguntas incesantes: ¿Cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos?...La nuestra es la verdad del sufrimiento", sentenció el autor de Miradas. También Gelman recordó que en el exilio encontró consuelo a sus heridas en la mística de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, y en toda la obra de Cervantes, con la que descubrió "la verdad del sufrimiento".

También se describió como un devoto de la poesía, "hoy premiada" y calificó este género de "doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en Viaje al Parnaso, puede pintar en la mitad del día, la noche y en la noche más oscura el alba bella que perlas cría...".

Su discurso incluyó un hueco para el amor, porque "El Quijote es una gran novela de amor, de amor imposible, del amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego", manifestó.

Además, el poeta tuvo palabras de elogio para la situación actual española, "empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica".

El ministro de Cultura, por su parte, dijo de Gelman que "es representante de la más contemporánea poesía hispanoamericana, la que inició su transformación radical mediante la voz diferente del humanismo libre de prejuicios, inconformista y audaz".

En la Universidad de Alcalá de Henares se dieron cita ayer, además de los Reyes, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa; la presidenta del la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; así como el ministro de Cultura. Junto a ellos rectores universitarios; el director de la Real Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Cafarell, y el premio Cervantes de la pasada edición, el poeta leonés Antonio Gamoneda.

Además, al poeta argentino le arroparon su mujer, Mara, su hija y sus nietos, y numerosos amigos y escritores, entre ellos, Luis García Montero, Benjamín Prado, Almudena Grandes, Joaquín Sabina o el editor Chus Visor.

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