Juan Carlos Castro se enfrenta al frío con el colorido de sus abanicos

  • Inaugura la sala de exposiciones Berdigón, 14 como una nueva alternativa cultural de la ciudad · El artista ofrece diversas series artísticas en las que está trabajando como la dedicada a grandes rostros

No hay nada mejor para el frío que un buen abanico cultural. Esa es la propuesta creativa de Juan Carlos Castro Crespo que ayer inauguró la sala de exposiciones Berdigón, 14. Una nueva iniciativa que se introduce a la oferta de ocio de la ciudad. Se conjuga aquí la belleza y el misterio de un edificio antiguo y sencillo de la ciudad, con una propuesta cultural unida a un bar de copas.

Juan Carlos Castro es la segunda vez que expone en este espacio. Lo hizo en septiembre de 2009 con la restauración de esta antigua casa encalada, que destaca en el panorama de la alineación urbanística de la ciudad por ser la única en su característica, aunque no ha tenido nunca la mirada institucional, ni si quiera para incluirla en su inventario de edificios singulares. El interés por este inmueble surgió de la iniciativa particular, concretamente de Francisco Suárez Vaz que adquirió la casa por el gusto de restaurarla y disfrutar de ella. Cuando terminó su trabajo se abrieron las puertas para invitar a que la mirada de los onubenses pudieran pasar la ancha crujía encalada. Recibió numerosos elogios, los mismos que ahora en su reapertura. La casa conserva de su diseño original las tres primeras crujías, aunque parece que las medianeras han podido cambiar a lo largo del tiempo, más sabiendo que las casas colindantes se renovaron a lo lago del tiempo y haya podido afectar al espacio de la casa original.

La vivienda guarda el sabor de una antigua estancia de pueblo, sencilla pero con encanto. Es lo que en sí ofrece ella misma, a lo que hay que sumar algunos elementos que se han dejado al descubierto para entender aún mejor su historia. De la tercera crujía que es la que da ahora al actual patio se deja al descubierto lo que se supone sería una rampa de acceso para alguna barca y es que se han encontrado elementos de madera que así evidencian antiguos atraques cuando la marisma llegaba hasta esta zona trasera.

Ahora esta casa del siglo XVI abre sus puertas a una nueva singladura cultural y lo hace al timón de Castro Crespo que ha querido en esta ocasión salir de la tradicional ruta de salas más institucionales para ofrecer la obra de una forma más cerca a la gente. A veces un público que "no se acercaría a una sala de exposiciones o un museo, pero que aquí va a disfrutar también del arte, porque el arte tiene que estar en la calle y esta es una forma de conseguirlo". Accede a inaugurar esta exposición con obra nueva junto con otra consolida. Destaca en esta muestra todo el trabajo creativo realizado sobre abanicos, utilizando para ello todo el colorido, toda su creatividad con mucha materia, tan diversa como original. Una forma como él dice de abanicarse en este invierno frío y de tanta crisis. Con ello, el color de Juan Carlos Castro quiere poner un toque de armonía y vitalidad tan propios en su obra. Tanto que nos ofrece un abanico de invierno. Junto a esto muestra una primera mirada al trabajo de gran formato que viene haciendo sobre rostros, allí están Antonio Bocanegra, que fuera guarda municipal, o Masaqa. Pero al mismo tiempo también es un momento para revisar su trabajo Perdonen que le de la espalda, todo un juego de espaldas tatuadas.

Mientras, Juan Carlos Castro asegura que sigue en su estudio con otras propuestas artísticas, siempre creando. Ahora va a preparar una serie sobre la romería del Rocío, para serigrafía.

La exposición podrá visitarse en horario continuo de mañana y tarde y se quiere convertir en una primera propuesta cultural a la que seguirá otras exposiciones, así como presentaciones de libros y charlas literarias.

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