José María Merino: "Ésta es, a mi juicio, una de las grandes epopeyas de la humanidad"

  • "Escribe estupendamente, con una expresión sencilla, no complicada, que recoge todo: escenarios, personajes..."

Tiene claro el académico José María Merino que si se hubiera escrito en lengua inglesa o francesa, "sería una pieza indiscutible de la narrativa moderna, que nadie podría ignorar a partir del Renacimiento". Lo afirma con la misma rotundidad que lamenta que siga siendo un libro "bastante desconocido" por el gran público: "Los males de la patria", justifica casi como un suspiro.

Hace años que este excepcional hombre de letras hizo de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España un objeto de estudio personal sobradamente justificado. "Es un texto verdaderamente interesantísimo, una de las grandes epopeyas de la humanidad, a mi juicio, y, desde luego, uno de nuestros grandes libros de aventuras verdaderas".

La dimensión de la obra y la aportación que hará Merino con su comentario académico de acompañamiento hace de ésta una de las lecturas más interesantes entre las cuatro que componen el ciclo La lengua navega a América, que se realiza mañana en Huelva. Dice de ella que "es una novela", aunque realmente Bernal Díaz del Castillo "no inventara nada" en el relato.

La misma vida del autor, en sí, podría ser una novela de aventuras, pero, de cualquier modo, en este compendio autobiográfico se reconoce el académico entregado: "Me fascina por la fuerza, por lo interesante que es desde el punto de vista narrativo y por la memoria asombrosa de Bernal". "Él escribe estupendamente, con una expresión sencilla, no complicada, en la que recoge todo: personajes, escenarios, tiempos, lugares, peripecias…".

En la lectura de su comentario ante el público mañana entrará en muchos más detalles, pero ya avanza su teoría de que "este libro es acuñado oralmente en la memoria durante muchos años". "Él se retira a los 40 años, por lo que le quedan casi 50 de vida. Y estoy seguro de que Bernal contó mil veces esto, porque además es una historia muy interesante. Esto debe estar fijado en una narración oral que se repitió mucho. Cuando él toma la pluma, casi estamos oyendo una voz: es alguien que nos está hablando de algo, y desde luego lo hace con mucha limpieza, directo, sin ningún barroquismo, pero con mucha eficacia narrativa".

Pero es también -admite al preguntársele por ello-- una suerte de reivindicación sindical, por el reconocimiento que reclama al trabajo de los soldados que acompañaron a Hernán Cortés en la exploración y conquista de México. Entran ahí los dos capítulos que dedica en el libro a enumerar mandos intermedios y soldados rasos que "trabajaron en esa ardua empresa". "Fueron los que menos se beneficiaron. Se quedaron a dos velas".

"A lo largo de su vida fue un soldado tremendo. Yo le llamo soldado incansable, porque empezó a los 18 años y se retiró cerca de los 40. Estuvo en todas las entradas, conquistas, etc. sin parar. Y el tema de México le dio mucha satisfacción, entre otras cosas, porque casó con una señora que le había regalado el propio Moctezuma", anota Merino, introduciendo un aspecto, el de su defensa del mestizaje, que acaba transformando al otrora guerrero en un gran defensor de la integración.

"Como sucede al principio en todo encuentro de culturas divergentes, diferentes, ve a los indígenas de una manera peculiar, pero con el tiempo incluso acaba teniendo una familia mestiza importante. No solo casa y tiene descendencia con aquella mujer de Moctezuma, sino que se acaba casando con otra mestiza y tiene nueve hijos con ella. Al final se convierte en persona muy preocupada por sus encomenderos, y es un hombre compasivo", explica el académico José María Merino. "A lo largo de la vida va descubriendo otra relación con aquel mundo y con aquel territorio que empezó conquistando".

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