música y músicos por César López Perea

Jesús Corbacho y el flamenco como universo

Su primera toma de contacto con el flamenco fue a través de su padre, que le dormía cantando fandangos. A los nueve años entró a formar parte de la escuela de cante de la Peña Flamenca de Huelva que llevaban Amparo Correa y María Tejada. Ese aprendizaje lo compaginó con la guitarra y escuchando los discos de Camarón, Antonio Mairena y las diferentes antologías de cante flamenco que su madre le compraba. Más tarde se trasladó a Sevilla a cursar estudios de cante flamenco en la Fundación Cristina Heeren, gracias a una beca que dicha institución le había otorgado. Durante el segundo año empezaron a contar con él como monitor auxiliar en las clases de los bailaores Rafael Campallo y Milagros Mengíbar.

Uno de sus momentos más felices fue cuando participó en el espectáculo Mujeres, en el que tuvo la suerte de trabajar con las bailaoras Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina, bajo la dirección de Mario Maya. Fue muy especial porque se trató del último espectáculo que dirigió el coreógrafo granadino. Obtuvieron el Premio de la Crítica en el Festival de Jerez y se hicieron más de sesenta galas de esta obra.

Aunque quizás el proyecto más especial ha sido el dar a luz su primer disco de estudio, Debajo del romero, estrenado en noviembre de 2011. En él pudo presentarse al público como él mismo quiso. Fue una obra en la que puso todas sus ilusiones, mostrándose tal y como es, enseñando su manera de entender el flamenco, porque es un disco de flamenco con letras mayúsculas. La discográfica PICAP fue la encargada de editar el trabajo a nivel nacional, sintiéndose muy agradecido debido a la situación tan compleja por la que atraviesa la industria musical.

"En esta profesión siempre se vive al día. Lo mismo en este mes tienes quince galas y el que viene no tienes ninguna; muchas cosas surgen de un día para otro". Desde que el pasado mes de noviembre presentara su disco en el Gran Teatro de Huelva -un año después de que saliera a la venta-, lo intenta mover porque es en sus propios recitales donde se siente totalmente libre a la hora de cantar. Aun así, le encanta cantar para el baile, que realmente es lo que le proporciona más trabajo, así es que compagina ambas cosas

"Todo el mundo -indica, Corbacho- escucha música de una forma u otra, el problema es que a la gente le cuesta pagarla. En España todavía no somos capaces de entender que ser músico es una profesión y todavía te encuentras gente a la que le dices "soy cantaor" y te contestan con la pregunta: "Si, pero ¿en qué trabajas?". Sin embargo, fuera de España te dan un trato como el que le puedan dar a un médico. Te ven como un artista, pero aquí vivir de la música parece que es vivir del cuento. Posiblemente, la culpa de todo esto la tenga el que hoy día hace música cualquiera y una gran cantidad sin cuidar la calidad final de la producción. En el extranjero, no ocurre lo mismo, ya que no es músico cualquiera".

"En Huelva hay muy buenos artistas, podemos empezar a nombrar y no parar. El problema de Huelva es que apoyan a sus artistas cuando ya tienen nombre y son conocidos, pero cuando están empezando y pasando fatigas nadie se acuerda de ellos. Cuando nuestro artista coge nombre fuera, entonces nos ponemos a ronear de que ese artista es de Huelva. Parece ser que el público de fuera es quien da valor a nuestros artistas", afirma.

"Es muy difícil encontrar una solución a la problemática de la música. Habría que comenzar por ponernos de acuerdo nosotros mismos, porque todos hablamos y decimos lo mismo, pero al final cada cual arrima el ascua a su sardina de manera egoísta", confiesa. Corbacho reivindica que "los profesionales que están al cargo de la gestión cultural y musical sean gente con trayectoria musical y con la formación adecuada. Es imposible que la música vaya bien cuando en algunos conservatorios de música, algunos profesores han estudiado otras formaciones y luego a guitarristas con grandes trayectorias sin formación no les dan su sitio".

"No pienso en el futuro. Vivo el presente, porque el músico vive en el día a día. En lo cotidiano no sabemos con qué nos vamos a encontrar mañana, así es que mucho menos en una carrera musical. Me conformo con seguir con las mismas ganas de flamenco con las que se levanta cada mañana".

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