Intriga y metafísica

Esperada película de Álex de la Iglesia, a la que se le ha hecho una publicidad, pocas veces prodigada en el cine español, que mejor le iría si se aprovechara convenientemente el favor mediático que se le brinda a otras producciones foráneas, por lo general norteamericanas, y que tanto beneficiarían a nuestro cine. Sabido es que una buena parte de nuestra población da por bueno todo cuanto se le anuncia por televisión. Nos alegramos por ello si fomenta la atención sobre esta película, sobre todo por ser española.

Este es el segundo film rodado en inglés del realizador vasco que nos ofrece sobre todo un sensible cambio en su estilo y narrativa más habitual, por lo general dedicados a la comedia costumbrista y que presenta una cuidada producción. No falta sin embargo su manifiesto afán de hacerse notar, a veces de manera demasiado efusiva. Inmersa la historia en una especie de metafísica numérica es a la vez una intriga basada en la novela homónima del escritor argentino Guillermo Martínez, que trasladada a la pantalla provoca una cierta dificultad al espectador para asimilar todos sus contenidos con su excesivo florilegio matemático. Desde el principio nos plantea cuestiones relacionadas con una serie de sospechosos, culpables, víctimas que aparecen en la historia. En suma se conjuga lo que en el género denominamos thriller pero con un aire muy singular y complejo en su vehemente dialéctica verborréica.

Una anciana aparece asesinada en el salón de su casa situada en los alrededores de Oxford. Dos hombres que acaban de conocerse se encuentran por primera vez y descubren el cadáver. Uno es Arthur Sheldon, prestigioso profesor de Lógica. El otro es Martin, un joven estudiante norteamericano que acaba de llegar a la Universidad, y pretende que el famoso preceptor dirija su tesis doctoral. El crimen de la anciana será el primero de una serie de asesinatos misteriosos que sin embargo presentan aspectos aparentemente comunes.

Si algo tiene a su favor esta película de Álex de la Iglesia es que no cae en lo previsible, que es muchas veces el defecto de estos argumentos de intriga. Eso sí, exige un esfuerzo de concentración del espectador, que en ocasiones puede perderse en complejidades aparentes. Bien es verdad que Álex de la Iglesia ha sabido escenificar su intriga en escenarios naturales e interiores realmente fascinantes y hay momentos de lucidez notable. Pero todo propende a medida que se desarrolla la trama al enigma retorcido envuelto en teorías filosóficas y fórmulas matemáticas. La película entonces resulta atrayente por su factura pero me parece que no entusiasma demasiado. Y en este punto me surge una pregunta: ¿por qué este tipo de planteamientos nos recuerdan tanto al inevitable y endiablado Alfred Hitchcock?

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