cRITICA DE ARTE

Indignada por la falta de indignación

Cualquier excusa es motivo para subirse al carro. No cualquier motivo te invita a participar de la Grand Parade. Y no cualquier carro te puede proporcionar el derecho a conquistar los 15 minutos de gloria que reflexionaba con los ojos tintado en $ el inmenso tramoyista mediático que es Andy Warhol.

De excusa, de motivo y de carro, con su permiso, van estas líneas veraniegas.

El martes 21 de junio, nuestra compañera Teresa Lojo titulaba la crónica con un rotundo El movimiento del 15-M llega al arte. Y subtitulaba, "Marta de Pablos presenta una composición de cerámicas con botijo que conforman la palabra 'Indignada'".

Soy una enamorada del empeño y del mensaje, más que de la línea directriz de la programación, de la Fundación Caja Rural del Sur en Huelva. Constantes, abiertos, democráticos y variados. Constantes porque atienden a Huelva durante todo el año, no dejando al azar nada más que la inexistencia de catálogos. Cuando la crisis se disipe, seguro que nos alegran. Abiertos porque sus puertas estimulan a todos, a los oficiales y a los independientes, a los de poltrona y a los indignados en la lucha. Como dije hace poco de la Casa Colón, esa invitación seria y emocionada a la totalidad es digna de elogio. Democráticos porque, como decía Antonio Gala, ésta "se presenta desnuda porque ha de convencer". Y nos convence en su desnudez. Variados porque como el nombre de la calle que acoge a la Fundación, exponen de todo. Y eso, aunque enturbie el concepto programático, hasta es bueno, hasta enriquece.

No me duelen excusas, motivos y carro. Una vez más, gracias. Sin dejar tramo de espacio al aburrimiento, días atrás la sala de la calle Botica cedía sus muros, por enésima vez en lo que va de año, a la Asociación de Artistas Plásticos Onubenses Enrique Montenegro. Entre sus representados, masivos, como siempre, autores entre el interés, lo interesado y lo interesante, caso de Balonga, Rovira, Ángeles Prieto, Albarrán Pino, Hermosín, Ana María Cáliz o Manuel Garrido. A todos les asiste la impronta del deseo y del anhelo, de la preocupación y el entusiasmo, de la precipitación y la conquista. En su mayoría, como replicaba su vicepresidente en la inauguración, frisan con técnicas y filosofías desiguales lo clásico, que no sé lo qué es, y "técnicas más contemporáneas y vanguardistas", que por desconocerlas también no las encuentro por mucho que rastree en la sala.

Todos los expositores, como los otros miembros de la Asociación no convocados, buscan y hallan en el arte el vehículo de la especulación, expresar con manos e inteligencia lo que la vida y la sociedad le proporciona. Unos lo hacen desde dentro de la piel, y otros desde fuera. Así, en hechuras y técnicas diferentes, encontramos paisajes de los ojos y de la interpretación, composiciones no concretas y sí de cartabón víctimas de alucinógenas visiones, naturalezas muertas y vivas, retratos de belleza aparente… Sin embargo, para la periodista que firma la crónica como para esta visitante la estrella que eclipsa la exposición es una 'composición' de nueve búcaros que impresiona en su panza cada una de las letras de la palabra Indignada.

No sé si del movimiento 15-M podemos armar otro Mayo del 68 y así poder vivir 40 años más viviendo del 15-M. No sé quiénes y qué están detrás del 15-M, pero sí sé que esta sociedad ha de cambiar. Tiene que cambiar. La indignación, con inteligencia y furia, con diálogo y probidad, ha de derrumbar la muralla de los que cantaron o se opusieron hasta enriquecerse con los versos de Nicolás Guillén. No voy a entrar, por indignación, en el juicio estético/filosófico/conceptual de la composición o instalación artística de De Pablos. Ella ha tenido sus 15 minutos de gloria en las páginas de Huelva Información. Quiera Dios, Epicuro, Aristóteles, Picasso, Duchamp, Cohn-Bendit, Althusser, Foucault, Sastre, Hessel y Brigitte Bardot que sus búcaros indignados sacien con agua a los indignados por el hambre, el paro, la falta de cultura y oportunidad. Indignados por la falta de futuro.

El arte tiene poder para cambiar el mundo. El arte enseña a la sociedad cómo elegir. Si el Indignada de De Pablos, nuestra particular Carolina de Benders de la calle Botica, fuera capaz de hacerlo, fabriquemos más búcaros para luchar contra la indignación que nos indigna.

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