"Igual que cambiamos de cocina, hay que cambiar también de Constitución"

  • El escritor jiennense publica en Planeta una nueva entrega de su serie histórica de España, en la que trata, con grandes dosis de humor, la vida cotidiana de los españoles durante los años de la transición democrática

Entre la muerte de Carrero Blanco y la aplastante primera victoria de Felipe González transita La década que nos dejó sin aliento, una nueva entrega de la serie histórica que el escritor y divulgador Juan Eslava Galán emprendió en 2005 con Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie (pero que, en contra de su título, encandiló a miles de lectores). Tras Los años del miedo y De la alpargata al seiscientos, llega a las estanterías, de la mano de Planeta, esta nueva obra donde tampoco faltan análisis, reflexión, mirada crítica y grandes dosis de humor.

-¿Cuál es la principal característica de esa década que nos dejó sin aliento?

-La principal característica cuaja en la década precedente. Yo diría que en los años 60 se forma una gran clase media española que tiene claro que quiere ser europea porque ha visto que en la Europa democrática es donde se vive mejor. Franco ya está viejecito, así que deciden esperar a que se muera.

-¿Esa clase media, por ser tan acomodaticia, ha frenado ciertos cambios que le hubieran venido bien al país? Quiero decir, ¿le ha hecho más mal que bien a España?

- Yo no le achacaría eso. Eso se lo achacaría a que la Transición se hizo mal, o quizás no había manera de hacerla mejor, porque, claro, fue un ejercicio de prestidigitación pasar de una dictadura a una democracia sin graves quebrantos. Las claves del asunto están en que gracias a la ingeniería legal de Torcuato Fernández Miranda se pasa de una ley injusta a una justa, pero ahí nos dejamos ciertos pelos en la gatera. Hay ciertos problemas que ahora los estamos padeciendo.

-¿Cuáles?

-El primero: se plantea que hay que volver a la última situación democrática que hubo en España, que fue la de la República, donde existían unos estatutos que le daban relativa independencia a Cataluña y el País Vasco. Y como se pensó que las demás regiones podían protestar, pues, total, café para todos... De ahí salen 17 autonomías, algo que es, como estamos viendo ahora, absolutamente insostenible. Hemos desarrollado 17 gobiernos con todo lo que ello conlleva: con 17 enchufeos y barandas y un montón de gente viviendo del cuento. Si hasta ahora lo hemos soportado es porque ha entrado una cantidad impresionante de millones de euros de Europa. El segundo problema es la aprobación de la ley electoral, de la ley D'Hondt, que no favorece a una democracia real. Hay dos partidos principales que resultan siempre beneficiados y el tercero siempre resulta perjudicado. La fórmula un hombre, un voto no vale en todas partes lo mismo. Y lo peor es que para formar gobierno, uno de esos dos partidos a menudo tiene que recurrir a algún partido minoritario regionalista.

-¿Por qué no hay ningún Gobierno que se atreva con la ley D'Hondt?

-No interesa porque los que llegan al poder son esos dos partidos beneficiados. Pero desde luego al país sí que no le beneficia esto. No somos una democracia perfecta, pero tampoco era de esperar porque no teníamos mucho rodaje. Somos, más bien, una partitocracia. Y de la partitocracia a la cleptocracia, es decir, al gobierno de los ladrones no hay nada más que un paso, que ya se está dando a muchos niveles.

-¿La Transición está mitificada? ¿Sabemos todo lo que deberíamos saber?

-Ni mucho menos. Se ha idealizado mucho y ya estamos viendo que lo que hizo fue meter una serie de elementos discordantes en la convivencia de los españoles que ya empiezan a pasar factura. Hay mucha mentira sobre la Transición. Sobre el golpe de Estado de Tejero, por ejemplo, nos han contado una milonga que no corresponde para nada a la verdad. Verdad que ya sabemos gracias a investigaciones. Yo las intento reflejar en un par de capítulos .

-¿Por qué tampoco conviene contar la verdad en este caso?

-Porque había gente, supuestamente, muy democrática que estaba pringada. Y lo peor es que siguen sin contar la verdad. Hay una serie de horas de grabación de los teléfonos de ese día que no se han hecho públicas a pesar de que el jefe de Izquierda Unida reiteradamente ha pedido que se publique. Nos han contado algo muy distinto a lo que pasó ese día.

-¿Fue una pantomima?

-Sí, bueno, fue un teatrico. Nos han mentido de arriba abajo.

-Para narrar el 23-F les da voz a los dos leones del Congreso.

-Sí, efectivamente, porque me parecía todo tan comprometedor...

-¿Quién iba por delante, la sociedad o los cambios políticos?

-La sociedad fue más adelantada que los políticos, como suele ocurrir. Y los políticos fueron, no diría torpes, sino poco rodados. Pero si comparamos aquellos políticos, que fueron capaces de hacer los pactos de la Moncloa en un momento en el que la economía del país estaba metida en un impás, con los de ahora... Dudo que los de ahora hubieran sido capaces de ponerse de acuerdo para ayudar a España.

-Sin embargo, en el libro trata a Adolfo Suárez de títere.

-Es que fue así. Suárez fue un títere en manos de Torcuato. Torcuato tenía claro cómo tenían que hacerse las cosas y era un hombre con una capacidad política excepcional, pero necesitaba a alguien que diera la cara, y el pintiparado era Suárez, que no tenía ideas propias. Simplemente el otro se las daba. El fallo estuvo cuando Suárez se vio suficientemente apoyado y se creyó que el mérito era suyo. Entonces, prescindió de Torcuato de muy mala manera y con muy poca elegancia y en el momento en que quedó solo fue cometiendo una torpeza detrás de otra, hasta que finalmente cayó del Gobierno y de la política.

-También para UCD tiene unas palabras: "una amalgama oportunista"

-Como partido no tenía coherencia. Era simple oportunismo. Los españoles estábamos un poquito sobrecogidos por todo y salimos a votar a ese partido que era una cosa casi monstruosa. Claro, en el momento en que se afirmaron, cada grupo tiró por un lado y se demostró que aquello no era nada.

-¿Necesitaba el país, o aún necesita, cierto ajuste de cuentas que nunca llegó?

-Yo creo que no, creo que hay que pasar página porque, entre otras cosas, la gente que hizo aquella dictadura está muerta, ya somos otros y España es otra muy distinta. Creo que hay que mirar al futuro más que al pasado pero, eso sí, esos errores del pasado que nos están pesando, como lo de las autonomías y como la ley electoral, hay que corregirlos y no nos podemos empecinar en que la Constitución no se puede mover. En todas partes, más demócratas que nosotros, se mueven las constituciones cuando es necesario y las cosas hay que ponerlas al día. Igual que cambiamos de cocina, hay que cambiar también de Constitución.

-¿Qué otros errores, a su juicio, seguimos arrastrando?

-Principalmente esos dos pero, aparte, no de aquella época, sino de la posterior, arrastramos también el vivir por encima de nuestras posibilidades.

-¿Con humor se puede decir todo, incluso lo que no nos gusta oír?

-Sí, yo creo que el humor es fundamental para que un libro o una película o lo que sea no se nos caiga de las manos.

-Cuenta en el libro que al día siguiente de morir el caudillo, la tapia del cementerio de Cádiz apareció con una pintada que decía: "Franco se ha aparecido a Dios" ¿Es cierto?

-Sí, es cierta, yo tengo muchos corresponsales que me escriben a mi página web y que me cuentan muchas historias suyas o de familia, curiosidades, y yo las voy incorporando. Esta es una de ellas, que refleja la típica guasa gaditana.

-El libro concluye con un Felipe González exultante tras su abrumadora victoria del 82. Hace una semana se le dio completamente la vuelta a la tortilla. ¿Qué le ha ocurrido al PSOE?

-Al PSOE le ha pasado que ha caído en manos de un incompetente que es Zapatero y, encima, en vez de tener la inteligencia necesaria para rodearse de un gobierno de gente enterada que le haga el trabajo, se ha rodeado también de un gobierno de incompetentes. Entonces no sólo ha hundido a España sino también al partido socialista, y a mi juicio España no puede funcionar sin ese segundo partido ahora o primero en otras ocasiones, pero que sea fuerte. Porque no conviene que España esté en manos de un partido fuerte y otro machacado.

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