Huel-va, Huel-viene

No sabemos si la corriente nubosa propiciada por el anticiclón de las Azores o el Guadiana es lo que determina la inconstancia que Huelva tiene con las cosas. Aquí el talento es aturdido por cambios de opinión fugaces: "Me gusta eso pero prefiero aquello aunque aquello bien es cierto que parece peor que eso. ¡Bueno, entonces…". Gira y gira nuestra Huelva, como un tiovivo. ¿En Huelva se triunfa o se fracasa? Quizá las dos cosas al mismo tiempo, o… mejor dicho: ninguna de las dos.

La cercanía de la Navidad y el Año Nuevo entrecruzan dos maneras de entender la vida que pueden ser o complementarias o discordantes, según criterios y perspectivas. El aperturismo y la ambigüedad, propiciados por un mundo bañado en la espuma de una fiesta donde lo religioso y lo pagano terminan confundiéndose, también existe en el arte. Éste refleja esa extroversión altisonante rutinaria donde nada deja de moverse por la mera imposición del calendario. La Banda Sinfónica Municipal, dirigida por Francisco Navarro, diluyó el espíritu navideño en un programa antojadizo donde fueron versionadas obras maestras del gran repertorio. Navarro se dejaría abrumar por los esnobismos comerciales, y la velada se convirtió en un espectáculo circense. No es de recibo que un concierto de Navidad busque y consiga la risa del público. Y lo irritante del asunto es que Francisco Navarro y la Banda Sinfónica Municipal tienen cualidades sobradas para ofrecer un concierto navideño memorable. ¡Hay que apostar por esas partituras que por las modas del siglo XXI no se atreven a interpretar! La cultura no tiene que ver ni con una aceptación mayoritaria ni con encuestas. No podemos bajar el listón de la cultura para ganar adeptos por una simple cuestión de números; las obras que tienen siglos son el resultado de afanes y sacrificios del pasado que en el presente ya se están disfrutando, y aunque las tradiciones las propaguen no se deben deformar hasta el punto de convertirse en otra cosa, cualquier cosa que sea aplaudida sin más.

La homogeneidad de todo el conjunto y la profundidad y madurez del discurso son rasgos que evidencian el alcance que la Banda Sinfónica Municipal de Huelva y Francisco Navarro tienen. Ya hemos referido la sonoridad y el estilo tan gustosos de nuestros artistas; es una lástima que no se orienten hacia programas más uniformes y austeros. En un mercado persa, de Ketelbey, y Poeta y aldeano, de Von Suppé, ejemplificaron la dignidad y la grandeza de una música que mantuvo de principio a fin una temperatura dramática. No le faltan medios a Navarro para concertar los pasajes más difíciles, como hiciese en el cuerpo central de Poeta y aldeano. ¡Qué dominio de la polirritmia y las texturas!

Incomprensiblemente, los miembros de la Banda osaron dejar sus instrumentos para agruparse de pie en torno al director: cantaron Noche de paz de Gruber. ¡Sí! Constituyeron improvisadamente un coro para abordar una de las melodías navideñas más entrañables. Sus logrados pianissimi hoy no lo ofrecen ni los mejores grupos del Historicismo; recordaron las excelencias corales de las mejores escuelas alemanas de los años setenta. ¿No había coros en Huelva para cantar con la Banda el pasado miércoles? Al final del concierto, el director y la Banda se alinearon de la misma manera que lo hace una compañía de teatro o de ópera, es decir: que coronaron su esperpento. "España es diferente". Sí, ¡y sobre todo Huelva!

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