Circuito Onubense de Músicas del AlmaCrítica cine

Honroso tributo a las raíces

La cantaora onubense Rocío Márquez, durante el concierto del jueves en Moguer, acompañada por Miguel Ángel Cortés. La cantaora onubense Rocío Márquez, durante el concierto del jueves en Moguer, acompañada por Miguel Ángel Cortés.

La cantaora onubense Rocío Márquez, durante el concierto del jueves en Moguer, acompañada por Miguel Ángel Cortés. / m.g.

La tarde invitaba al espectáculo. Temperatura apacible. La plaza del Cabildo bullía alrededor de la muestra artística y mercado artesanal que las distintas asociaciones locales femeninas tenían allí instalado para darse a conocer a todos los viandantes en general. Ambiente sano, distendido y lleno de gratos encuentros. A medida que pasaba el tiempo, el epicentro se trasladaba a la calle Andalucía, donde animados corros de público se formaban ante las puertas del teatro Felipe Godínez esperando que abriera la primera función del COMA, antiguo Festival Jazzymas, que ahora sus promotores han rebautizado con el bello enunciado de Circuito Onubense de Músicas del Alma.

El COMA es considerado por sus impulsores como una apuesta de festival multi-ubicación para llevar a los rincones más emblemáticos la música que hace sentir y pensar, a lo que le denominan "música del alma". El flamenco, el blues, el rock, el jazz, las músicas del mundo y sus infinitas fusiones son los protagonistas de esta muestra que ya va por su sexta edición.

La onubense concluyó con una tanda de fandangos, incluido uno con letra de JRJ

Para tal ocasión estaba anunciada la presencia de Rocío Márquez con el acompañamiento de la guitarra de Miguel Ángel Cortés. Muy recientemente les habíamos visto actuar en el escenario del Gran Teatro de la capital dentro de la programación del II Festival Flamenco Ciudad de Huelva.

A la hora prevista, con todo el auditorio lleno y expectante toman la escena la cantaora y el guitarrista y comienzan a desgranar un repertorio de procedencia múltiple, habida cuenta, pensamos lógicamente, de la convocatoria del evento. De este modo se tornaron, voz y guitarra, en un inmenso venero del que brotaban las más bellas y variadas apuestas para deleite de todos.

Comenzó con la bella composición Chiquilín de Bachín, tango argentino en ritmo de vals que fuera versionada por Enrique Morente en la Primera Bienal de Flamenco de Buenos Aires, allá en febrero de 2009. Con el proverbial don de sus entonaciones, al dominar los bajos de manera magistral, deleitó a la concurrencia de principio a fin de la ejecución.

Le siguieron unos tangos flamencos acompañados por la magistral guitarra de Cortés, siempre dispuesta en sus bellos acordes a la variedad de estilos de este palo que iban saliendo al aire.

De nuevo, vuelta al folclore argentino derramando el encanto de la Zamba para olvidar que magistralmente popularizara la llamada La voz de América Latina, que se corresponde con la inolvidable Mercedes Sosa.

La bulería hizo acto de presencia a continuación con el derroche variado de procedencias, encadenamiento de vocalizaciones que nos llevaban a un frenesí de sonidos y siempre dentro del más puro compás, claro está con la inestimable presencia de las seis cuerdas que en bellísimos arpegios hacían fácil lo más difícil.

El Cante de Levante sirvió para dejar constancia de la flamencura que se mantenía radiante en el escenario, dando cobertura al célebre poema de Miguel Hernández que se titulaba Elegía a Ramón Sijé, que fuera versionado también por Enrique Morente.

La devoción marchenera se materializó en la noche con los compases del Romance a Córdoba. Ocasión perfecta para el despliegue de juegos con la voz en todos los tonos imaginables. Un deleite.

La serrana, con remate abandolao, dio paso al tema por bulería Luz de Luna y desembocó en la explosión de júbilo que todos los presentes le tributaron cuando ejecutó el cante por caracoles alargando los tercios hasta términos inauditos. ¡Qué forma de aguante!

La siguiriya puso la guinda a esta noche inolvidable en el acogedor auditorio del teatro moguereño Felipe Godínez, no sin antes concluir, por supuesto, con una tanda de fandangos, y uno especial, con letra de Juan Ramón Jiménez, como cabal homenaje y honroso tributo a la tierra de sus ancestros, Moguer.

Bello epílogo de la puesta en escena, la de la noche del jueves, de una voz y una guitarra, que dejaron huella indeleble, por su entrega permanente y su buen hacer profesional, en todos los asistentes. Una auténtica delicia.

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