Hitos religiosos

En los últimos días del pasado invierno mencionar dos conjuntos artísticos que refrendan su valía en sendos conciertos del veterano Festival de Música Antigua de Sevilla (Femas), que han brindado al público quehaceres muy estimables.

Audaz apuesta la del prestigioso Orlando Consort poniendo música a la película La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer: un compendio vocal realizado por Donald Greig con piezas de Dufay, Binchois, Cesaris, Lymburgia y Tapissier entre otros. En España cada vez se ofrecen más bandas sonoras para obras maestras del cine. Ésta ha sido una meritoria aportación de artesanía audiovisual. Lo más admirable de dicho trabajo, la perfecta sincronización con escena y diálogos así como la antología del repertorio, acorde a la trama. Particularmente, se eligió el kirieleisón y el miserere para aquellas secuencias hondas, de conflicto; tal es el caso de la lectura de la carta o la frase ¡No sois hija de Dios! Se aprecia cómo el conjunto británico diversificaba su estilo con solos, polifonías o texturas subrayadas mediante una melodía; se destaca el momento en que la protagonista pregunta si se va a librar de la prisión. Gran virtud de esta banda sonora es el valor del silencio como recurso, cuya creciente presencia dotó de fuerza al montaje (por ejemplo: para la frase Sola con Dios). Este contrapeso avivaba la expresividad musical bifurcada en obras religiosas convencionales (Salve Regina) y peroraciones o sermones (alusiones demoniacas). Del concierto son reprobables dos cuestiones: la primera, no haber prescindido de cuchicheos y siseos, usados solamente al principio; y segundo, la asignación vocal de un contratenor a Juana de Arco, fórmula desatinada.

Forma Antiqua era responsable del poco conocido oratorio Culpa, arrepentimiento y gracia para la Pasión de Nuestro Señor, de Alessandro Scarlatti. Música que manteniendo sus vínculos con la ópera de Monteverdi se proyecta austeramente hacia la época galante. Aarón Zapico en su doble faceta de clavecinista y director adentraba al público en la esencia dramático-musical del Barroco italiano. Tres voces encarnando alegóricamente la propia conversión del tiempo de Cuaresma: la Culpa, a cargo de la mezzo Adriana Mayer, de buen timbre que mejoró en la segunda parte; el Arrepentimiento, por el contratenor Konstantin Derri, cuyos medios y graves deparaban una interpretación modélica; y la Gracia, por la soprano Soledad Cardoso, ideal en su papel con frases y agudos impecables. Resaltar en primer lugar la cuidada tensión de la trama, favorecida por una noción del canto maravillosa donde la voz se esparcía y fluctuaba con suma naturalidad en los recitativos. Concretamente, el núcleo de la primera parte cautivó con sus originales modulaciones. Pensa al tuo Dio es un aria de mimbres preclásicos que retrataba las excelencias del grupo. También fueron sobresalientes las texturas de la cuerda in pizzicato para describir las tinieblas de la muerte, nombrada como cierre de un pasaje. Puntualizar que en el forte de arias de la Culpa el personaje quedaba eclipsado por la orquesta. No podía ser más halagüeño un concierto como éste, concluido triunfalmente con los tres personajes cantando O, Croce, unica speme.

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