Fila siete

Historia de una amistad

Gran Teatro/Latitudes 2012.- T.O.: 'Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran'.- Producción: Francia, 2003.- Duración: 95 minutos.- Dirección: François Dupeyron.- Guión: François Dupeyron basado en la novela de Eric Emmanuel Schmitt.- Fotografía: Remy Chevrin.- Música: François Maurel.- Montaje: Dominique Faysse.- Intérpretes: Omar Sharif, Pierre Boulanger, Gilbert Melki, Isabelle Renauld, Lola Naymark, Anne Suarez, Mata Gabin, Céline Samie, Isabelle Adajani

El IV Festival Internacional Latitudes 2012 de Fotografía en su sección paralela dedicada al cine europeo, se inició el pasado martes en el Gran Teatro con esta película del prestigioso director y guionista francés, François Dupeyron, adaptación de la novela de Eric Emmanuel Schmitt El señor Ibrahim y las flores del Corán, que recibió el premio al Mejor Actor en el Festival de Venecia de 2003 y el César francés de 2004 por el mismo concepto. Es un tema que con especial clarividencia nos ofrece un retrato de evidente sensibilidad que exalta la amistad y la comprensión entre pueblos y religiones.

A modo de fábula, Françoise Dupeyron nos traslada al París de los años sesenta que vive un evidente apogeo de vitalidad y cultura. Todo propiciaba con singular energía un sensible cambio en el entorno social y cultural. En el vecindario de una gente de clase humilde coinciden el adolescente de 13 años, Momo, judío, y un anciano musulmán, el señor Ibrahim. Huérfano, el joven Momo, que discute constantemente con su padre, que lo compara con su hermano mayor al que no conoce, no tiene más amistades que las prostitutas de su entorno urbano que le dedican su especial cariño. Hace sus compras en el establecimiento de comestibles que regenta el señor Ibrahim, poseedor de una peculiar sabiduría que Momo admira. Se hacen amigos y juntos emprenden un nuevo camino que va a transformar sus vidas. Lo que pudiera parecer en principio una película sobre una controversia o choque de religiones, es más bien una historia de amistad, de afecto sincero, que se destaca entre las diferencias de origen o de creencias. Esta fábula vital invita a una visión distinta de la realidad a través de un prisma de serena y respetable contemplación. Propende así a la comprensión alejando tergiversaciones y obsesiones, a veces interesadas y extremas entre la religión y la cultura, propiciando actitudes más humanas y tolerantes.

Quizás lo mejor de esta, tal vez larga película para la brevedad de lo que cuenta, sea esa conversión de un popular barrio de París, bien recreado en imágenes, en un escenario universal de entendimiento y amistad, sea esa ese apego de los protagonistas como signo de armonía y concordia entre un judío y un musulmán. Quizás el relato se debilita un tanto en la parte final que, como en otros casos, adolece de un guión que no profundiza mucho en la relación de los protagonistas ni en la afinidad en muchos puntos de las culturas mosaica y mahometana.

El desenlace es demasiado melodramático como un último reclamo al público. Buenas interpretaciones de Omar Sharif, veterano de tantas buenas actuaciones, y del joven Pierre Boulanger.

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